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Conclusiones Barómetro de la Calidad
de la Programación Infantil
en la Televisión Abierta Chilena

Consejo Nacional de Televisión
Agosto 2005.

 

Los resultados del estudio son alentadores debido a dos importantes hallazgos: en primer lugar, no se observan programas infantiles de baja calidad en la parrilla programática de nuestra televisión; y en segundo lugar, se evidencia una creciente incorporación de contenidos educativos como componentes de los programas. El mejoramiento de la calidad de los programas infantiles constituye, de hecho, una tendencia que se viene observando a lo largo de los últimos años. De manera especial, destaca el buen nivel de calidad de las realizaciones nacionales, que resaltan entre el total de los programas y en particular del resto de las producciones latinoamericanas.

No obstante, quedan algunos desafíos para seguir avanzando hacia una televisión infantil de mayor calidad. Por un lado, pese a que continúan siendo marginales, la presencia de contenidos sexuales inadecuados para menores aún no ha logrado erradicarse completamente de la pantalla abierta.

Los altos niveles de lenguaje inadecuado y de conductas disruptivas que exhiben los programas analizados llaman la atención respecto de la emergencia de nuevos contenidos y temas en los géneros infantiles, especialmente en las series y dibujos animados, que son los formatos de mayor presencia. Pareciera que la programación infantil está incorporando crecientemente realizaciones caracterizadas por un estilo bastante más irreverente y disruptivo, que parecen enfrentar al mundo adulto y sus prescripciones acerca de lo correcto con actitudes que se escapan a lo que tradicionalmente se ha considerado adecuado para el mundo infantil.

Lo anterior no constituye necesariamente un motivo de preocupación, ya que es claro que los contenidos televisivos deben evolucionar a la par de entornos y audiencias más críticas, más conectadas con los fenómenos globales y por tanto también más exigentes y menos ingenuas. Tal como se enuncia en estudios anteriores del Consejo Nacional de Televisión, los niños de entre 8 y 13 han ido experimentando cambios que paulatinamente los han ido constituyendo en un grupo etáreo con características propias, en una transición cada vez más temprana hacia la experiencia adolescente, lo que se evidencia en la manifestación de gustos, actitudes y preferencias distintivas y claramente diferenciables de las que se manifiestan en la infancia más temprana. Resulta normal, entonces, apreciar que la industria de medios, y particularmente la televisión, esté haciendo un giro en sus contenidos destinados al público infantil, con el objetivo de cubrir mejor sus intereses y representar más adecuadamente sus inquietudes; giro que no está exento de posibles polémicas, aunque también de grandes potencialidades.

En todo caso, tratándose de programas que están dirigidos a los niños, convendría estar alerta respecto de no abusar de elementos que pueden llegar a ser nocivos para la formación del público infantil, y respecto de los cuales los padres han evidenciado una constante preocupación. El desafío parece ser saber combinar, de manera responsable, nuevos contenidos y temáticas, más acordes con las nuevas realidades, motivaciones, preocupaciones e intereses de los niños, con un tratamiento adecuado que proporcione elementos de juicio respecto de las mismas, contribuyendo de esta manera a enriquecer la formación de los más pequeños sin renunciar al objetivo de brindarles entretención. 


   

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