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La Resiliencia en la Escuela

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Capítulo 1
Definición de resiliencia

 

ORIGEN DEL CONCEPTO DE RESILIENCIA

El fundamento del paradigma de la resiliencia es una perspectiva drásticamente nueva que está emergiendo de los campos de la psiquiatría, la psicología y la sociología sobre cómo niños y adultos se sobreponen al estrés, el trauma y el riesgo en sus vidas. Un creciente número de estudios en estos campos pone en tela de juicio la idea de que el estrés y el riesgo (incluyendo abusos, pérdidas y abandono, o simplemente las tensiones comunes de la vida) inevitablemente condenan a la gente a contraer psicopatologías o a perpetuar ciclos de pobreza, abuso, fracaso escolar o violencia.

De estos estudios ha surgido el concepto de resiliencia, es decir, de que las personas pueden sobreponerse a las experiencias negativas y a menudo hasta se fortalecen en el proceso de superarIas. La disposición a emprender acciones para abordar, comprender y reforzar el desarrollo de la resiliencia está surgiendo no sólo entre los científicos sociales sino también entre los docentes que comienzan a percibir la necesidad de que las escuelas sean instituciones que fomenten la resiliencia para aquellos que trabajan y estudian en ellas. Los estudios de la resiliencia, de hecho, corroboran lo que los docentes hace tiempo suponían y esperaban: que más que ninguna otra institución, salvo la familia, la escuela puede brindar el ambiente y las condiciones que promuevan la resiliencia en los jóvenes de hoy y los adultos de mañana. Para alcanzar las metas establecidas, como el éxito académico y personal para todos los alumnos y un personal entusiasta, motivado y orientado al cambio, es preciso acrecentar la resiliencia de alumnos y docentes.

CAMBIO DE ACTITUD

El estudio de la resiliencia está propiciando una revolución filosófica que se aleja del modelo médico del desarrollo humano basado en la patología y se aproxima a un modelo proactivo basado en el bienestar. El Modelo del Bienestar se centra en la adquisición de competencias, facultades y eficacia propias. Los investigadores de la resiliencia critican la "escasa atención prestada a las fuerzas que mantienen sana a la gente" en los campos de la psicología y la psiquiatría, señalando la propensión a "conformarse con detectar, categorizar y rotular enfermedades" (Wolin y Wolin, 1993, pág. 3), una crítica que también puede aplicarse al ámbito de la educación. Algunos exhortan a sus colegas a "explorar plenamente las fuentes de fortaleza individual" (Higgins, 1994, pág. 2) Y muchos han adoptado una nueva actitud hacia el riesgo, el estrés y el trauma: con un ambiente adecuado que respalde la resiliencia puede surgir fortaleza de la adversidad (Higgins, 1994; Richardson y otros, 1990; Werner y Smith, 1992; Wolin y Wolin, 1993).

Basándose en sus extensas revisiones de la investigación sobre la resiliencia, Benard (1991) llega a la conclusión de que todo individuo tiene una capacidad para la resiliencia que debe ser reconocida. Pueden descubrirse rasgos de resiliencia en casi cualquier persona, si se la examina en busca de signos de resiliencia con la misma minuciosidad con que se procura detectar problemas y déficit. El proceso de adquirir resiliencia es, de hecho, el proceso de la vida, dado que toda la gente debe superar episodios de estrés, trauma y rupturas en el proceso de vivir. Una actitud constructora de resiliencia en la escuela implica buscar "todo indicio" de resiliencia (Higgins, 1994, pág. 322), rastreando ocasiones en las que tanto docentes como alumnos "sortearon, superaron, sobrellevaron o vencieron" la adversidad que enfrentaban (Wolin y Wolin, 1993, pág. 7).

Investigación del riesgo vs. Investigación de la Resiliencia

La investigación de la resiliencia difiere de las investigaciones sobre el "riesgo" que durante décadas contribuyeron a crear el modelo del déficit, centrado en la patología, que ha impregnado las concepciones del desarrollo humano. La mayor parte de la investigación del riesgo focaliza en individuos que tienen problemas concretos, como drogadicción, fracaso escolar y actividad delictiva. Una vez detectados estos individuos problemáticos, los investigadores del riesgo indagan sus historias personales, examinan las condiciones actuales de su entorno y encuentran determinados correlatos existentes en sus vidas. Estos correlatos, denominados "factores de riesgo", son bien conocidos por la mayor parte del personal docente e incluyen adicciones familiares, pobreza, abandono, clima escolar negativo, desorganización de la comunidad y falta de acceso a la satisfacción de las necesidades humanas básicas.

La investigación del riesgo es limitada, sin embargo, porque no muestra con claridad la relación entre causa y efecto. Por ejemplo, las circunstancias y las características de las personas que cayeron en la adicción o fracasaron en la escuela o incurrieron en una conducta delictiva, ¿fueron la causa o el resultado de sus problemas? ¿El alcoholismo los llevó a perder su hogar o la falta de hogar los empujó al alcoholismo? ¿La carencia de destrezas sociales en un niño conduce a una conducta antisocial o los niños con tendencias antisocial es tienen dificultad para integrarse y emplear las destrezas sociales apropiadas?

La respuesta a este dilema sobre causa y efecto fue el diseño de un proyecto de investigación que es a la vez evolutivo y longitudinal. En este tipo de estudio, los niños -y en ocasiones los jóvenes adultos- son evaluados en diversos momentos durante el curso de su desarrollo, a fin de comprender mejor la aparición de trastornos. Con este proyecto, "se ha constatado un hecho concluyente -y sorpresivo-: aunque cierto porcentaje de estos niños de alto riesgo desarrollaba diversos problemas (en mayor proporción que entre la población normal), había un porcentaje mayor de chicos que se convertían en jóvenes adultos sanos y competentes" (Benard, 1991, pag 2)

En contraste con los estudios retrospectivos, los longitudinales han mostrado que esto sucede incluso entre niños expuestos a varios factores de alto riesgo. En suma, la investigación longitudinal ha corregido una impresión inexacta que había dejado la investigación del riesgo: muchos, si no la mayoría, de los niños identificados como de "alto riesgo" no desarrollan la serie de problemas que los docentes han llegado a prever. Se encuentran en circunstancias de alto riesgo, pero son "resilientes". Está claro que necesitamos" un lente rectificador, que nos permita ver las tendencias autocorrectivas que mueven a los niños hacia un desarrollo adulto normal en todas las circunstancias, incluso en las más adversas" (Wemer y Smith, 1992, pág. 202).


 


   

 
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