Aprender implica
enseñar
Guy Claxton, Edit. Paidós,
Continuación
Según un punto de vista muy
extendido, aprender implica actividades especiales,
normalmente un trabajo intelectual y a menudo difícil, que
está completamente separado del simple hecho de estar vivos
y hacer cosas. Hay lugares que están especializados en el
«aprendizaje», igual que hay lugares especiales para nadar o
para cenar fuera o para ir de compras. Se trata de escuelas
y universidades, donde se encuentran también personas que
son expertas en «enseñar», que es la principal actividad a
través de la cual se produce el aprendizaje. Los profesores
son personas con habilidades y recursos especiales, sin los
cuales el aprendizaje no se produciría tan bien, o no se
produciría en absoluto. El foco de interés, tan pronto como
comenzamos a hablar de aprender, se desplaza al proceso de
enseñar: si podemos conseguir la enseñanza «adecuada», el
aprendizaje se producirá claramente como una consecuencia
directa. La actividad de aprender está ajustada y dirigida
por la enseñanza o al menos por la enseñanza «adecuada». El
efecto de este punto de vista institucionalizado es colocar
en el primer término sólo una clase de aprendizaje. Si, como
he sugerido en la introducción, hay realmente diferentes
compartimentos en el equipo de herramientas de aprendizaje,
tal creencia hará que las personas descuiden el desarrollo
de aquellas que no «encajan» en un determinado punto de
vista de la educación. Las etapas o los tipos de aprendizaje
que no se pueden «enseñar» o que no derivan de inmediato en
una conclusión consciente se convierten en sospechosos o
invisibles.
«El aprendizaje tiene lugar tranquilamente»
Hay un punto de vista que supone que el aprendizaje es un
proceso «cognitivo», racional, y que reaccionar
emocionalmente es un signo de que el proceso de aprendizaje
no está teniendo lugar «correctamente». Si en el aprendizaje
hay sentimientos y emociones implicados, lo deseable es un
leve nivel de interés sólo hemos de preocuparnos por los
sentimientos cuando se interponen en el camino e impiden el
funcionamiento fluido de la mente. Entonces constituyen un
problema que hay que resolver, para que se pueda restaurar
el servicio normal. La solución a este problema se buscaría
primordialmente en el carácter de los propios aprendices y/o
en las «dificultades emocionales» que pudieran estar
experimentando en su vida. Por lo tanto, el aprendizaje se
puede desconectar en gran medida de la personalidad de los
aprendices, siempre que sean «normales» y estén «contentos».
Cuando todo va bien, la personalidad y la emoción se pueden
soslayar sin riesgos. (Por ejemplo, una «guía del profesor
sobre la psicología del aprendizaje», recientemente
publicada, no tiene en el índice analítico ninguna entrada
para emoción, sentimiento, personalidad o relaciones.)6 Una
vez más, está claro que puede haber procesos de aprendizaje
de esta clase tranquila, racional, pero limitamos el
sentimiento de aprender de las personas si suponemos que
todo aprendizaje tiene que ser así. Podríamos privarlas, por
ejemplo, de oportunidades de desarrollar la resistencia que
necesitan para enfrentarse a los desafíos del aprendizaje
que están cargados emocionalmente, o al manejo de sus
propios sentimientos cuando, corno inevitablemente sucederá,
experimenten el fracaso y la frustración.
«El aprendizaje adecuado implica comprensión»
En estos tiempos, la idea tradicional de que «aprender =
memorizar» está ampliamente descartada en los círculos
occidentales cultos, y se ha reemplazado por la creencia,
igualmente parcial, de que «aprender = comprender». El
aprendizaje de lo que no se puede comentar, dice la teoría,
es de segunda clase. No basta con que los niños sepan hacer
correctamente sus sumas; tienen que «comprender» lo que
hacen. Los vendedores de automóviles no pueden utilizar
sencillamente su talento natural para vender coches; han de
asistir a seminarios sobre «atención al cliente» para hablar
de lo que hacen. Existe el supuesto de que «lo explícito es
bueno». La idea de que la comprensión consciente podría ser
innecesaria o incluso interponerse en el camino de otros
tipos de aprendizaje que son igualmente valiosos es
inconcebible según este punto de vista. Hay, por lo tanto,
el riesgo de que esta creencia, de forma inadvertida,
reduzca la facultad de aprender en determinadas situaciones.