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APRENDER, El reto del aprendizaje continuo

Guy Claxton, Edit. Paidós, Capítulo 2

Las creencias sobre el aprendizaje

El desarrollo de la facultad de aprender no comienza con el cultivo de sus habilidades y cualidades, sino con la preparación del terreno. Porque las posibilidades que las personas ven para aprender y las formas en que se refíeren a sí mismas como aprendices dependen de lo que previamente consideran que es el aprendizaje.

Si los padres, profesores, jefes y políticos tienen en el fondo de su pensamiento una serie de suposiciones anticuadas sobre el aprendizaje, hemos de comenzar por identificar cuáles son. Es improbable que las nuevas ideas echen raíces y den fruto si el terreno mental ya está obstruido por conceptos erróneos. En este capítulo mostraré, en primer lugar, cómo comunidades distintas pueden sostener puntos de vista completamente diferentes sobre el aprendizaje y luego expondré algunos de los errores que se disuelven en lo que tomamos por «sentido común».

LAS DIFERENCIAS CULTURALES EN EL APRENDIZAJE

Las personas que viven en diferentes entornos y sociedades desarrollan distintos aspectos de su facultad de aprender. Esto se podría deber a diversas razones. En primer lugar, su mundo puede presentarles regularmente diferentes tipos de tareas, de modo que los diversos «músculos del aprendizaje» se están ejercitando continuamente. Igual que un nadador y un gimnasta desarrollan unas habilidades y una musculatura diferentes, así un poeta y un ingeniero desarrollan diferentes compartimentos de su equipo de herramientas de aprendizaje. Unirse a un grupo de medítación desarrolla un aprendizaje que es callado y hacía dentro. Hacerse mecánico desarrolla la capacidad de combinar la intuición y el pensamiento lógico de una forma que genera, y luego elimina sístemáticamente, las posibles razones de un fallo del motor.

Pero la forma en que las personas se desarrollan y se expresan como aprendices está también influida por las creencias y los valores, muchas veces inconscientes, que sostienen su cultura. Algunos de los supuestos culturales que influyen en la forma en que se desarrolla la facultad de aprender reflejan unos valores sociales amplios. El éxito relativo de los niños asiáticos en el currículo escolar tradicional, por ejemplo, es el resultado de toda una serie de creencias en el valor de la educación, la prosperidad y el orgullo familiar, y de sus interconexiones. El rendimiento del niño en la escuela conlleva el buen nombre o la vergüenza de toda la familia, que por lo tanto invierte un considerable tiempo y esfuerzo en asegurar el éxito del escolar. El extraordinario nivel de logro de los refugiados indochinos en las escuelas norteamericanas, a pesar de que llegan sin ningún conocimiento del idioma inglés, es una prueba del poder que tienen estas actitudes familiares.

Algunas de estas creencias, sin embargo, son más específicas del proceso de aprendizaje en sí. Tradicionalmente los alumnos asiáticos no sólo tienen una actitud diferente hacia la escuela de la que sostienen otros grupos culturales; han llegado a valorar y a ser hábdes en diferentes tipos de aprendizaje. Está muy extendida la suposición de que la creatividad y la innovación sólo pueden crecer adecuadamente a partir de una gran destreza en lo convencional y en la técnica. A los niños, por lo tanto, se les estimula a que aprendan de una forma que implica mucho esfuerzo y obediencia para recordar literalmente lo que se les ha dicho, y emular a los modelos de la práctica correcta, tanto si es en el arte, como en el lenguaje o en las habilidades físicas. Desarrollan las herramientas de la memoria y la emulación, pero sólo mucho más tarde, si es que llegan a hacerlo, comienzan a equilibrarlas con una perspectiva más crítica o más creativa. Aunque ahora están cambiando las cosas, puesto que las culturas se unen y se mezclan, hace pocos años que el profesor John Biggs, de la Universidad de Hong Kong, pudo referirse a la evidencia de que «los alumnos asiáticos suelen adoptar la postura de pasar inadvertidas [en clase], apenas plantean preguntas o responden voluntariamente, y menos aún hacen observaciones o críticas en público sobre el contenido del curso... [Concretamente] los alumnos de Hong Kong muestran una aceptación casi sin cuestionar del conocimiento del profesor.. en vez de una expresión de opinión, independencia [o] destreza propias».

En una escuela primaria progresista de Estados Unidos, o en una guardería de Nueva Zelanda, por otro lado, es muy posible que se inviertan las prioridades. Los profesores pueden valorar y alabar en gran medida la creatividad y la iniciativa independiente, mientras que la necesidad del niño de que le digan explícitamente lo que debe hacer o su deseo de copiar en vez de crear se pueden considerar como rasgos indeseables que hay que cambiar. Por supuesto, dentro de un sistema así, de creencias progresistas, la misma idea de aprender de memoria se trata con frecuencia como si fuera un insulto al espíritu humano, y por tanto las habilidades de la memoria literal o de la imitación cuidadosa tal vez no se desarrollen en absoluto. Desde dentro de cada cultura, las actitudes y las prácticas de la otra parecen extrañas, arriesgadas o desviadas.


   

 
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