Seminario de Hábitos de Estudio
Habitualmente, cuando enfocamos el tema de “hábitos y estrategias
de estudio” nos ubicamos desde la perspectiva de lo que un alumno puede y debe
hacer. Y esto es cierto. Sin embargo, también es verdad que como profesores
tenemos en ello una insoslayable responsabilidad. Más allá de nuestras
sugerencias e indicaciones de cómo deben organizar nuestros alumnos sus
actividades y métodos para conseguir buenos resultados, el logro del aprendizaje
depende en gran medida de nuestras prácticas pedagógicas.
¿Cuántas veces en nuestra experiencia docente nos encontramos con la violenta
reacción de un alumno que recibe una baja calificación y argumenta que está
desmoralizado porque había dedicado varias horas al estudio?. ¿Cuántos de
nosotros somos testigos de alumnos que no tienen hábitos de estudio y de trabajo
y sin embargo obtienen aceptables y buenos niveles de calificación en nuestras
evaluaciones? ¿Es estudio el tiempo que un alumno se encierra en su habitación y
hojea sus cuadernos y textos? ¿Un alumno sabe con claridad qué tiene que hacer
para estudiar cada uno de los sectores que forman parte de su plan de estudio?
Un alumno, que sinceramente quiere hacer un cambio en sus hábitos de estudio,
¿está en condiciones de realizar esa transformación y tiene claridad en los
pasos que supone tal decisión?
¿Cómo resolver la tensión entre el saber enseñar y no hacerles el trabajo a los
alumnos? ¿Es la única responsabilidad del profesor enseñar bien? ¿Es posible que
exista un profesor que enseñe bien y que existan alumnos que no aprendan? ¿Un
alumno que no aprende, es solamente responsabilidad suya que no ha realizado el
trabajo correspondiente? ¿Es posible que un alumno alcance altos niveles de
aprendizaje sin que realice un trabajo sistemático de estudio? ¿El que un alumno
estudie, asegura o garantiza el aprendizaje? ¿Cómo revertir la situación de
desesperanza aprendida de un alumno que “botó” la asignatura porque no tiene
ninguna expectativa de aprenderla?
Quizás en nuestros años de experiencia recordemos frases como “nos vemos en la
prueba” como sentencia anticipatoria de un fracaso generalizado y en represalia
por un comportamiento inadecuado en las clases. No hay que ser ingenuos para
independizar fácilmente la relación entre ambiente de clase y buenos logros en
rendimiento.
No se trata de hacerles la vida fácil a los alumnos o confirmarles en la postura
de la ley del menor esfuerzo y de mayores y mejores resultados. Se trata más
bien de hacernos conscientes que en el desarrollo mismo de la hora de clases es
posible aportar estrategias, métodos, planes de acción, herramientas, técnicas,
ejercitación de habilidades y adopción de criterios de conducta que les permitan
a los alumnos, que lo quieran, el logro de aprendizajes significativos.
Para toda persona, el logro de sus metas es gratificante y satisfactorio.
Creemos firmemente en el sentido positivo del esfuerzo y del trabajo humano que
aporta resultados. También alegra el hecho de que cada vez se pueden conseguir
mejores logros con menos esfuerzo. Nos produce rechazo y no nos queremos rendir
ante la situación de un trabajo sistemático y que no produce resultados
positivos. Creemos que en este caso algo no está funcionando adecuadamente. No
se trata ya de la situación que es la consecuencia esperable de la negligencia o
de la irresponsabilidad sino de la falta de recursos adecuados para el logro de
las metas.
Nos proponemos hacer explícitos los recursos que todo profesor puede y debe
entregar a sus alumnos a fin de que estos logren el aprendizaje. No sólo se
trata de saber impartir una determinada área del saber, sino de permitir que los
alumnos aprendan ese ámbito del conocimiento.
Nuestro propósito es que como profesores hagamos explícitos esos recursos y que
sean conocidos por nuestros alumnos. Que los perciban a su alcance, que sepan
qué, cómo, cuándo y cuánto tienen que hacer. De allí en adelante será su
responsabilidad el realizarlos, sin esperar resultados mágicos o instantáneos,
pero con la esperanza cierta de que es posible el aprendizaje.
Los recursos de aprendizaje son los procedimientos que el profesor aporta a sus
alumnos de manera sistemática, gradual e intencionada. Esos recursos implican un
método, plan o técnica que facilita aprender y permite resolver un problema o
una tarea.
Los recursos de aprendizaje los utiliza el profesor cuando aborda el diseño,
programación, elaboración y desarrollo de un determinado contenido. Los hábitos
y técnicas de estudio, por su parte, se refieren a las acciones y pensamientos
que se manifiestan en los alumnos mientras aprenden e influyen en su motivación,
asimilación, comprensión, retención y transferencia de los aprendizajes. 