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Desarrollo personal en la orientación

Raúl Cheix M.
Director CEIS Orientación y Capacitación
Seminario de Orientación  Tutorial II

Ámbitos del desarrollo personal

 
El concepto de desarrollo se debe entender como un despliegue de las potencialidades personales por medio de la madurez biológica en conjunto con la interacción en el medio y el aprendizaje social. Es un proceso permanente en el tiempo que transcurre por etapas progresivas y sucesivas de evolución.
 
Existen algunos mecanismos y características individuales que se conjugan y contribuyen a mantener adecuados niveles de
“homeostasis” es decir, equilibrios internos al nivel psíquico y biológico que permiten la subsistencia. Estos elementos son conocidos como “adaptativos” o “desadaptativos” dependiendo del grado de protección que nos brinden ante las amenazas del medio social.
 
Las potencialidades personales de cada estudiante que está en formación se dan en función del logro de la adaptación emocional y social y permiten la subsistencia. Definiremos dos de estos componentes que se encuentran a la base de todo proceso de desarrollo personal y que son útiles de entender por parte de padres y educadores para permitir y acompañar un sano desenvolvimiento social y psicológico.
 
El
autoconcepto es el compuesto de ideas, sentimientos y actitudes que la gente tiene sobre sí misma. También podemos considerar el autoconcepto como nuestra tentativa de explicarnos a nosotros mismos, formar un esquema que organice las impresiones, los sentimientos y las actitudes que tenemos sobre nosotros mismos. Pero este modelo o esquema no es permanente, unificado o inmutable. Las percepciones que tenemos de nosotros cambian de una situación a otra y de una a otra fase de nuestra vida.
 
Aunque sus significados sean diferentes, es común utilizar indistintamente los términos autoconcepto y autoestima. El autoconcepto es una estructura congnoscitiva (una creencia acerca de quién es uno) mientras que la
autoestima es una relación afectiva (una evaluación de quién es uno). Si la persona se evalúa de manera positiva decimos que tiene una autoestima elevada.
 
¿Cómo se desarrolla el autoconcepto?. El autoconcepto evoluciona gracias a la constante autoevaluación que se realiza en situaciones diferentes. En efecto, niños y adolescentes se preguntan de continuo “¿Cómo lo estoy haciendo?” Para normar sus juicios toman en cuenta las reacciones verbales y no verbales de las personas significativas; en los primeros años los padres, familiares y amigos, posteriormente también los maestros. Los estudiantes comparan su desempeño con sus propios criterios y con el de sus compañeros. Ambas formas de comparación, la personal (interna) y la social (externa), son importantes. Por ejemplo, los estudiantes comparan su desempeño en matemática con el mostrado en lenguaje o ciencias para formar sus autoconceptos en estas áreas. Si matemática es su mejor ramo, su autoconcepto en esta materia será el más positivo, aunque su desempeño real en ella sea malo. Pero también son importantes las comparaciones sociales. En la formación del autoconcepto en matemática también participa la forma en que su desempeño se compara con el de sus compañeros en la clase de matemática. Hay otra tendencia en el desarrollo del autoconcepto. Justo después de la transición a una nueva escuela, en especial al pasar de la educación media a estudios superiores, los autoconceptos de los estudiantes parecen volverse más negativos e inestables.
 
Revisemos ahora la autoestima. Hay al menos dos preguntas que los maestros deberían plantearse respecto de la autoestima:
 
¿Cómo influye ésta en el comportamiento del estudiante en la escuela? Parece que es más probable que los estudiantes con mayor autoestima tengan éxito en la escuela aunque la fuerza de la relación varía de manera considerable según las características de los estudiantes. Además, una mayor autoestima se relaciona con actitudes más favorables hacia la escuela, mejor comportamiento en la sala de clases y mayor popularidad entre los compañeros.
 
¿Cómo afecta en la vida escolar la autoestima del estudiante? La escuela es el lugar en que los niños adquieren o no diversas competencias que llegan a definir el yo y las habilidades, donde se forman amistades con los compañeros y donde se practica el papel de miembro de la comunidad, todo lo anterior en un período de tiempo muy formativo. Así la construcción de la autoestima, la competencia interpersonal, la solución de los problemas sociales y el liderazgo se vuelven importantes por derecho propio y como cimientos fundamentales del éxito en el aprendizaje académico.
 
La retroalimentación de los profesores, sus criterios para evaluar y asignar calificaciones y el conocimiento de que se interesan por ellos influye en la idea que tienen los estudiantes de su capacidad en determinadas materias. Pero es probable que los mayores aumentos en la autoestima se produzcan cuando los estudiantes se hacen más competentes en las áreas que valoran, incluidas las áreas sociales que adquieren tanta importancia en la adolescencia. Esto supone que el mayor desafío de los profesores consiste en ayudar a los estudiantes a adquirir conocimientos y destrezas importantes. ¿Qué pueden hacer los profesores para fortalecer la autoestima en los estudiantes? Aquí hay algunas sugerencias.

 

1.    Valore y acepte a todos sus alumnos, tanto por sus intentos como por sus logros.

2.    Cree un clima física y psicológicamente seguro para los estudiantes.

3.    Esté consciente de sus propios prejuicios (todos los tenemos) y expectativas personales.

4.    Asegúrese que sus procedimientos para enseñar y agrupar a los estudiantes son realmente necesarios y no sólo una forma conveniente de manejar a los estudiantes problemáticos o de evitar el contacto con ciertos alumnos.

5.    Establezca normas claras; ayude a sus alumnos a aprender a evaluar sus propios logros.

6.    Modele métodos apropiados de autocrítica, perseverancia y autorecompensa.

7.    Evite hacer competencias y comparaciones destructivas; anime a sus estudiantes a que compitan con sus propios niveles de rendimiento previo.

8.    Acepte a cada estudiante aunque rechace una conducta o resultado particular. Los alumnos deben sentir confianza, por ejemplo, de que reprobar un examen o ser castigado en clase no los convierte en “malas” personas.

9.    Recuerde que un autoconcepto positivo se deriva del éxito al operar en el mundo y del hecho de ser valorado por la gente importante en el entorno.

10.   Aliente a sus estudiantes a aceptar su responsabilidad por sus reacciones a los acontecimientos. Muéstreles que pueden decidir la manera de responder.

11.   Establezca grupos de apoyo o “compañeros de estudio” en la escuela y enseñe a sus alumnos a animarse entre sí.

12.   Ayude a sus estudiantes a establecer metas y objetivos claros; organice lluvias de ideas sobre los recursos que disponen para alcanzar sus metas.

 

1.      La capacidad de decisión

 
En la elaboración y planificación de un programa de orientación tutorial amplio y preventivo, que cubra todas las necesidades a las que se enfrentan los estudiantes desde que ingresan al sistema escolar y hasta más allá del paso por el colegio, es tremendamente útil la habilitación de los alumnos en las capacidades de análisis, toma de conciencia y ejecución de sus conductas.
 
La capacidad de
análisis implica separar en partes más pequeñas los componentes para facilitar la elección. Por otro lado, tomar consciencia supone estar en pleno conocimiento de las consecuencias que una u otra decisión implica pues cada decisión conlleva la posibilidad de equivocarse. Finalmente la ejecución significa llevar a la práctica a través de la conducta la decisión elegida.
 
Por cierto que en ocasiones es preferible alejar a los estudiantes de decisiones que son perjudiciales o peligrosas para ellos y prevenirlos para que hagan mejores elecciones. Las conductas de riesgo son elecciones que los alumnos pueden evitar o en su defecto controlar para minimizar los riesgos que pueden implicar. Es fundamental que puedan decidir en conciencia, con información, sin presiones ni amenazas (reales o ficticias). En esos casos podemos como educadores intervenir e influir sobre ellos en varias de las etapas del proceso de la toma de decisiones.
 
Algunas de las competencias que son recomendables desarrollar en los alumnos para la etapa de análisis son las siguientes:
 
La
capacidad de visualizar y declarar problemas está relacionada con la capacidad de interpretar una situación no deseada y crear nuevas formas de satisfacción. Se asocian a ella preguntas tales como: ¿Esto es bueno para mi o para los demás?, ¿Cómo puedo ayudarme y ayudar a los otros?
 
La
capacidad de generar soluciones o abrir nuevas posibilidades de acción es necesario aprender a indagar y preguntar (por tanto reconocer la propia ignorancia). Esto nos llevará, con la ayuda de otros, a crear nuevas alternativas de solución.
 
La
capacidad de adelantarse a los hechos para poder anticiparse proactivamente y poder prevenirlos de manera efectiva y eficiente, asegurando las condiciones suficientes para conseguirlo y contando con la cooperación de otros significativos.
 

2.    Participación comunitaria


Pocas situaciones tienen un carácter tan decisivo en un adecuado proceso de adaptación como la integración social.  Por lo mismo, un trabajo efectivo y eficiente en este ámbito de la persona reviste un carácter preventivo de primera importancia.
 
La capacidad de participar en un grupo o en diversos grupos puede esquematizarse en tres situaciones características:

·      Establecer lazos interpersonales.  Está en la base de la participación en cuanto a que la persona es hábil y capaz para vincularse con sus pares y con otras personas diferentes a sí mismo por alguna o varias características.   Tiene una doble dirección en cuanto implica la capacidad para ir al encuentro de los demás y también para dejarse encontrar y descubrir por los otros.

 

·      Mantención estable de los vínculos interpersonales.  Da cuenta de la permanencia en el tiempo. Supone el equilibrio de estabilidad que hace que la persona desarrolle un sentido de cercanía e intimidad con los demás y que no es errático o fluctuante en sus relaciones interpersonales.  Dice relación además con no encerrarse en niveles de gran intimidad de manera inmediata y luego romper dichas relaciones de manera violenta y explosiva.

 

·      Nivel de profundidad.  Es el grado de compromiso afectivo que se establece en las relaciones con los demás y que supone pasar desde un plano anecdótico, circunstancial, utilitario o de atractivo inicial a un nivel de compromiso, lealtal, confidencialidad, discreción e intimidad creciente.


La participación comunitaria supone además establecer un espíritu de cuerpo o del nosotros de manera estable y duradera.  Se podría identificar con conceptos como un
sentido de pertenencia o de membresía.  La persona se siente formando parte activa y colaborativa de ese grupo.  Percibe que el grupo le integra efectiva y afectivamente.  El individuo aporta sus características y cualidades personales y se beneficia del clima de relaciones y de los aportes de los demás integrantes.
 
Desde otra perspectiva, el grupo comunitario refuerza y confirma el
sentido de identidad.  El grupo reconoce un sello y un estilo propio.  El grupo es reconocido como tal por los demás.  Si esa identificación es positiva, llevará a sus componentes a sentirse satisfechos y cómodos con ella.  Sin embargo, puede verse esa identificación de manera negativa cuando al grupo se le atribuyen rasgos o características que no son deseables.  En el lenguaje de la niñez y juventud grafican esta situación expresiones como “nerds”, “pernos”, “chantas”, “flaite” y otros tantos.
 
Todo grupo, tenga o no una estructura formal, está dotado de una serie de
roles y liderazgos más o menos explícitos.  Y si no son explícitos, siempre existen.  El individuo no se plantea de la misma manera frente a esos grupos de referencia.  Su estilo personal puede verse cohibido o favorecido dependiendo de la dinámica del grupo de pertenencia. Hay dificultades de orden personal que llevan a los individuos a justificarse a través de las conductas grupales, a necesitarlas como refuerzo ante una débil autoafirmación o simplemente a sentirse gratificados por la pertenencia a ellos porque aportan seguridad o imagen.
 
Finalmente, es importante diferenciar entre la
integración personal objetiva y la subjetiva.  La primera da cuenta de la imagen, aprecio y valoración que los demás componentes del grupo hacen del individuo.  En la integración personal subjetiva, en cambio, se da a conocer la relación con la cual cada uno percibe y valora a los demás de manera individual o colectiva.

            Sin embargo, la participación comunitaria también puede gatillar ciertas situaciones o conductas de riesgo.  Reseñamos algunas de las más frecuentes en la dinámica escolar y que reclaman una atención oportuna para modificarlas ya que no siempre es posible evitarlas o anticiparlas.  Algunas provienen de la propia dinámica familiar otras, en  cambio, se generan en el propio colegio o en determinados grupos dentro de la unidad educativa.

 

·    El niño o joven tímido.  Aquel que presenta un débil nivel de confianza en sí mismo y se retrae o busca pasar desapercibido.  Pero que también presente el comportamiento paradojal del payaso o florero dentro de curso.  En este caso, sus bromas y chistes dejan a cubierto su persona.

 

·    El niño o joven veleta o fácilmente manipulable. Aquel que por ganarse un lugar o el aprecio del grupo está dispuesto a lo que sea con tal de no ser rechazado.  Puede que externamente no lo exprese, pero por lo general suponen altas dosis de sacrificio respecto de lo que cada uno es y lo que quiere.

 

·    El matón.  Aquel que necesita demostrarse a sí mismo y a los demás un cierto nivel de superioridad abusando e imponiéndose a otro que ha evaluado anticipadamente como más débil o frágil en algún sentido. Por lo general, replica con otros su propia relación asimétrica y de la cual el mismo ha sido víctima.

 

·    El niño o joven sobreprotegido.  Es el caso característico del niño que proviene de una familia con fuertes lazos de interdependencia y que no favorece el proceso de la emancipación y de la autonomía.  Mira a los demás y al entorno como una amenaza y no habilita para aprender a desenvolverse en un medio amplio, diverso y en algunos casos hostil.   Su falta de confianza en sí mismo lo lleva a querer mantenerse en el refugio de la vida doméstica.  En lo gratuito de la amistad y del cariño que recibe en casa y no verse expuesto a la experiencia de tener que ganarse el reconocimiento y el afecto de otras personas.

 

·    Las familias “acolchonadas” y las familias “puercoespín”.  En el primer caso, hablamos de esas familias cuya dinámica interna de relaciones es tan gratificante que no se estima necesario ni entretenido buscar amistades o actividades fuera de ella.  Viven encerrados en su propio mundo.  Las otras en cambio, sus relaciones son tan tormentosas que sus componentes huyen de ella porque no es gratificante ni satisfactorio estar en casa.  Se inventan mil argumentos y compromisos con tal de pasar el menor tiempo posible en familia.  Por contrapartida, brillan y disfrutan con otros e incluso esos se admiran de la calidad humana de esas personas.  En este último caso, incluso pueden pecar de “sobreadaptados” a fin de no provocar rechazo en el grupo.

 

·    El humor y el juego son dos indicadores particularmente expresivos de la capacidad de convivir con los demás.  La risa así como el saber reirse de si mismo, de las cosas y de los demás generan ambientes saludables, espontáneos y alegres.  La gravedad, el rostro osco o los comentarios apocalípticos lo que hacen es producir una distancia de los demás hacia esa persona.  No es grato encontrarse con ella. Dentro de lo posible, se busca evitarla.  Por su parte, el juego es la capacidad para aceptar lo imprevisible, el azar, las oportunidades, las habilidades personales o las circunstancias para esponjar el espíritu y las relaciones con otros.  Saber ganar y saber perder no son conductas innatas o fáciles.

 
Saber prevenir implica querer evitar de manera proactiva que sucedan las situaciones, conductas o actitudes indeseables.  Para prevenir es imprescindible observar y leer más allá de las apariencias.  Supone además, crear diferentes espacios y situaciones de relaciones donde la persona tenga la oportunidad y posibilidad de interactuar de manera espontánea.

   


3.    Habilidades de manejo social

 
Las habilidades de manejo social son herramientas fundamentales para la convivencia y comunicación con otros seres sociales. El ser humano se organiza en complejas redes de interacción por lo cual debe estar correctamente habilitado para abordar y manejar los diferentes escenarios y relaciones que se establecen. Desde un punto de vista preventivo éstas son centrales a la hora de resguardar la seguridad de los estudiantes adelantándolos a responder consciente y acertadamente a las situaciones que involucran peligro.
 
Dentro de las habilidades sociales encontramos como principales la empatía, la comunicación asertiva, las habilidades de negociación y el trabajo en equipo.
 
La
empatía es la capacidad para lograr ubicarse emocionalmente en la posición del otro sin abandonar el propio lugar. Es una habilidad natural que poseemos los seres humanos pero que se perfecciona con entrenamiento y es fundamental para la creación de la conciencia moral en los niños y jóvenes en desarrollo.
 
En general, la empatía se relaciona estrechamente con expresiones corporales evidentes que hacen sentir al otro en un ambiente de comodidad y confianza. Algunas manifestaciones empáticas naturales son:

 

·     Mirada empática. Mirar a los ojos cuando se establece una conversación sin que esto genere incomodidad ni la sensación de intromisión o evaluación.

·     Escuchar activo. Asentir con la cabeza cuando se comprende y se está de acuerdo con lo que el otro está diciendo.

·     Kinésica. Dirigir el cuerpo hacia la persona con la que se está relacionando.

·     Confirmación del mensaje. Intervenir, si es necesario, con frases de confirmación y estímulo adecuadas a lo que se está escuchando.

·     Proxémica. Ocupar una distancia entre las personas adecuadas al tipo de relación que se establece y acorde al diálogo que se establece.

 

Para definir comunicación asertiva es necesario referirse a las características de la asertividad. Proviene del término aserción y significa realizar una declaración con fuerza o expresar una idea con intensidad. Es importante no confundir una acción asertiva con una agresiva ni tampoco con una pasiva, pues es más bien el equilibrio perfecto entre estas dos polaridades. Asertividad significa la capacidad para expresar una idea, un sentimiento o ejecutar una acción de la manera más adecuada posible y en el momento justo. Por tanto, esta acepción combina en sí las nociones de intensidad y temporalidad.
 
La comunicación asertiva es entonces el acto comunicativo que propende al logro de la expresión de contenidos, ya sean ideas o sentimientos, de manera acertada para el tipo y calidad de interacción que se genere entre las personas.

La relevancia de esta habilidad social se debe a la necesidad, por parte de todo individuo en formación, de la sana, adecuada y oportuna expresión de sus afectos, necesidades, experiencias y fantasías.
 
La
negociación también pertenece a este grupo de capacidades sociales que facilitan la adecuada consecución de metas y objetivos. Desde la mirada de la educación, la aptitud para la negociación permite la mejor utilización de los recursos personales en bien de lograr los fines que se proponen para el bien común y para sí mismo. Podemos definirla como “un procedimiento de discusión cuyo objetivo es llegar a un acuerdo aceptable entre las personas implicadas en un conflicto”
 
El desarrollo de una negociación pasa esencialmente por tres fases:

1. El inventario: cada parte involucrada en el conflicto hace un inventario de sus puntos en litigio, a la vez que los promueve. Además se suele hacer una imagen del adversario y de sus ofertas. Es una fase de estudio y rigidez en sus posiciones.


2. El reconocimiento de las posibilidades de acuerdo:
designa una larga fase en la que cada una de las partes busca, en el límite de la ruptura, hacer que la otra ceda, saber hasta donde se puede llegar en la intransigencia. La flexibilidad, la sinuosidad del recorrido, la vuelta hacia atrás, caracterizan esta etapa.


3. El desenlace:
es la última fase, de corta duración, que aparece cuando los negociadores sienten que llegaron a un punto de mutua conveniencia.


Además la negociación se constituye en torno a ciertos componentes que están presentes en todo momento. Los componentes de las negociaciones están mediados por elementos constitutivos valóricos de cada individuo. La moral, la ética y la honradez, por mencionar algunos, son consideraciones que intervienen en la estrategia a utilizar.


Componentes de coerción:
se agrupan en esta categoría todas las tácticas de presión sobre el adversario, cuyo objetivo es obligarle a realizar concesiones. Ejemplos de estos son las amenazas, agresiones, intimidaciones, etc.


Componentes de disimulación:
cada negociador va a tratar de esconder su juego tanto como sea posible. Poseer una información capital sobre el adversario (sobre sus objetivos, su estrategia, su voluntad de concretar o no, su punto de resistencia, etc.) es poseer un poder sobre él. Ejemplos de estos son los disimulos, las exageraciones, las omisiones, etc.


Componentes de persuasión:
negociar es argumentar, intentar convencer al adversario que está equivocado, que nosotros tenemos razón y que no podemos adoptar otra posición más que la que defendemos. Ejemplos de estos son las argumentaciones, las promesas, las actuaciones, etc.


Componentes de acomodación: son aquellos que conducen al acercamiento de las posiciones, al acuerdo. Ejemplos de estos son las concesiones, las ofertas, el cese de algunas exigencias, etc.


Las habilidades personales que se necesitan desarrollar para ser un buen negociador podemos mencionar las siguientes:

 

·        Seguridad, temple y firmeza en la posición que se intenta defender.

·        Flexibilidad para cambiar de estrategia o reenfocar el conflicto.

·        Honestidad y honradez para generar confianzas entre las partes involucradas.

·        Perseverancia para continuar a pesar de tropiezos desmoralizantes.

·        Agilidad y rapidez de pensamiento para aprovechar las oportunidades que se presentan.

 

Es importante notar que como educadores responsables de un proceso de formación en los alumnos, nos corresponde la misión de velar porque “el fin no justifique los medios”. Es importante crear la sana consciencia que no todo es negociable ni tampoco a cualquier costo para conseguir nuestros objetivos. No sólo podemos enseñar en un procedimiento sino que además debemos moderarlo y resguardar valores más elevados.

El trabajo en equipo es probablemente una de las habilidades sociales más importante y deseable de instalar en niños y adolescentes en relación con los nuevos desafíos de la educación y el mundo del trabajo. La constante complejización del escenario laboral hacen cada vez más indispensable la necesidad de trabajar en equipo aunando las capacidades personales en fin de objetivos comunes y sortear exitosamente las tensiones, conflictos y diferencias de opinión que se generan al interior de los equipos de trabajo.
 
A continuación revisaremos algunas características que hacen del trabajo en equipo una buena forma de conseguir trabajar unidos por causas comunes.
 
Primero, se pueden establecer algunas diferencias fundamentales en relación con un simple grupo de personas y un verdadero equipo de trabajo.

Características de un grupo:

Características de un equipo:

·        Algunas personas reunidas.

 

·        Un agregado de personas con una organización clara.

 

·        No hay claridad en lo que hacen ni para qué lo hacen.

·        Existen objetivos explícitos y compartidos.

 

·        Cada integrante trabaja para sí mismo.

 

·        Hay coordinación y cooperación para lograr los objetivos propuestos.

 

·        Escasa motivación de logro.

 

Demuestran gran motivación para lograr lo que se proponen.

 

Por tanto, las ventajas comparativas son evidentes. Sin embargo qué beneficios trae a un conjunto de estudiantes trabajar unidos. También podemos listar algunas características.

 

¿Por qué trabajar en equipo?

 

·     Porque es un medio para enfrentar el cambio con más fuerza y probabilidades de éxito.

·     Porque facilita la generación de respuestas rápidas y creativas en circunstancias difíciles u hostiles.

·     Porque estimula la motivación hacia el trabajo si se reconocen los miembros con una misma intención, facilitando así los medios necesarios para ello.

·     Porque ayuda a manejar y digerir la información que resulta compleja si se ponen en juego todas las habilidades personales.

 

Es preciso considerar que no todos los grupos llegan a convertirse en equipos de trabajo y probablemente conozcamos muchos ejemplos en nuestras realidades educativas. Sin embargo hay algunas sugerencias que se pueden tomar en cuenta para lograr la transformación hacia un trabajo más colaborativo y por lo mismo, más eficiente.

 

Características de los grupos que llegan a ser equipo:

 

·     Son capaces de construir objetivos claros y compartidos y ponerse de acuerdo en sus formas de ejecución.

·     Definen roles y responsabilidades entre los miembros dependiendo de las capacidades y destrezas de cada uno.

·     Detectan y manejan sus conflictos a tiempo. Son honestos y francos en el planteamiento de las dificultades que van surgiendo y cuentan con adecuados sistemas de resolución.

·     Dan lugar tanto a la tarea como a las relaciones interpersonales.

·     Revisan y mejoran las comunicaciones, participación y la forma de hacer críticas constructivas.

·     Son capaces de tomar decisiones y superar los momentos de tensión que ello puede generar.

·     Definen y comparten roles de liderazgo para asegurar la sana convivencia.

 

            Habitualmente los equipos de trabajo exitosos han podido superar las tensiones e inconvenientes iniciales para lograr resultados que satisfacen tanto al equipo como a las personas que los apoyan. Además se fortalece la capacidad de los miembros para seguir trabajando juntos en el futuro y la experiencia de equipo ha desarrollado la sensación de bienestar personal en sus integrantes.

 

 

 

Taller 2: Tríada de apoyo

Este ejercicio pretende primordialmente ayudar a los participantes a tomar mayor conciencia del “estilo personal” como educador. La metodología empleada (tríada) fortalece el trabajo en equipo, cooperativo, objetivador y de apoyo.

El díálogo lo inicia A hablando de “lo que no le resulta” como educador, en lo que siente que tiene mayores dificultades. “B” escucha, clarifica, ayuda a “A” a profundizar en lo que quiere expresar. Sirve de espejo. “C” observa principalmente a “B”: ¿Cómo lo hace? si interrumpe mucho, si es demasiado pasivo, si hace avanzar, si acoge, si aclara, etc.

El diálogo “A” – “B” dura 10 minutos a los que se deben agregar 5 minutos para que “C” exprese lo que observó. “A” compartirá también cómo se sintió, si se sintió ayudado y por qué. Lo mismo hará “B”.

En la segunda sesión se cambian los roles. Esta vez “B” habla de “lo que no se atreve como educador”, son situaciones en las que se siente inseguro o temeroso,  “C” escucha, clarifica. “A” observa sobre todo a “C”.
 
Esta sesión como la anterior dura 15 minutos, dejando 5 minutos para la evaluación y compartir de cada uno. Primero habla “A”, después “B” y finalmente “C”.
 
La tercera sesión también dura 15 minutos. “C” habla de “lo que no sé como hacer”, siente que le faltan recursos, formación o elementos para poder intervenir más o mejor como educador. “A” escucha, clarifica. “B” observa sobre todo a “A”. En la evaluación de 5 minutos habla primero “B” lo que observó en “A”, luego “C” y finalmente “A”.
 
En plenario, se cierra la actividad enumerando las fortalezas que se descubrieron en cada uno de los componentes de las tríadas. Es el momento, además, para compartir experiencias personales como educadores en el actual colegio o en experiencias en otras instuciones educativas.

 

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