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3.
Habilidades de manejo social
Las habilidades de
manejo social son herramientas fundamentales para la convivencia y comunicación
con otros seres sociales. El ser humano se organiza en complejas redes de
interacción por lo cual debe estar correctamente habilitado para abordar y
manejar los diferentes escenarios y relaciones que se establecen. Desde un punto
de vista preventivo éstas son centrales a la hora de resguardar la seguridad de
los estudiantes adelantándolos a responder consciente y acertadamente a las
situaciones que involucran peligro.
Dentro de las habilidades sociales encontramos como principales la empatía, la
comunicación asertiva, las habilidades de negociación y el trabajo en equipo.
La empatía
es la capacidad para lograr ubicarse emocionalmente en la posición del otro sin
abandonar el propio lugar. Es una habilidad natural que poseemos los seres
humanos pero que se perfecciona con entrenamiento y es fundamental para la
creación de la conciencia moral en los niños y jóvenes en desarrollo.
En general, la empatía se relaciona estrechamente con expresiones corporales
evidentes que hacen sentir al otro en un ambiente de comodidad y confianza.
Algunas manifestaciones empáticas naturales son:
· Mirada
empática. Mirar a los
ojos cuando se establece una conversación sin que esto genere incomodidad ni la
sensación de intromisión o evaluación.
· Escuchar
activo. Asentir con la
cabeza cuando se comprende y se está de acuerdo con lo que el otro está
diciendo.
· Kinésica.
Dirigir el cuerpo hacia la persona con la que se está relacionando.
· Confirmación
del mensaje. Intervenir,
si es necesario, con frases de confirmación y estímulo adecuadas a lo que se
está escuchando.
· Proxémica.
Ocupar una distancia entre las personas adecuadas al tipo de relación que se
establece y acorde al diálogo que se establece.
Para definir
comunicación asertiva
es necesario referirse a las características de la asertividad.
Proviene del término aserción y significa realizar una declaración con fuerza o
expresar una idea con intensidad. Es importante no confundir una acción asertiva
con una agresiva ni tampoco con una pasiva, pues es más bien el equilibrio
perfecto entre estas dos polaridades. Asertividad significa la capacidad para
expresar una idea, un sentimiento o ejecutar una acción de la manera más
adecuada posible y en el momento justo. Por tanto, esta acepción combina en sí
las nociones de intensidad y temporalidad.
La comunicación asertiva es entonces el acto comunicativo que propende al logro
de la expresión de contenidos, ya sean ideas o sentimientos, de manera acertada
para el tipo y calidad de interacción que se genere entre las personas.
La relevancia de esta habilidad social se debe a la necesidad, por parte de todo
individuo en formación, de la sana, adecuada y oportuna expresión de sus
afectos, necesidades, experiencias y fantasías.
La negociación
también pertenece a este grupo de capacidades sociales que facilitan la adecuada
consecución de metas y objetivos. Desde la mirada de la educación, la aptitud
para la negociación permite la mejor utilización de los recursos personales en
bien de lograr los fines que se proponen para el bien común y para sí mismo.
Podemos definirla como “un procedimiento de discusión cuyo objetivo es llegar a
un acuerdo aceptable entre las personas implicadas en un conflicto”
El desarrollo de una negociación pasa esencialmente por tres fases:
1. El inventario: cada parte
involucrada en el conflicto hace un inventario de sus puntos en litigio, a la
vez que los promueve. Además se suele hacer una imagen del adversario y de sus
ofertas. Es una fase de estudio y rigidez en sus posiciones.
2. El reconocimiento de las posibilidades de acuerdo:
designa una larga fase en la que cada una de las partes busca, en el límite de
la ruptura, hacer que la otra ceda, saber hasta donde se puede llegar en la
intransigencia. La flexibilidad, la sinuosidad del recorrido, la vuelta hacia
atrás, caracterizan esta etapa.
3. El desenlace: es la última fase, de corta duración,
que aparece cuando los negociadores sienten que llegaron a un punto de mutua
conveniencia.
Además la negociación se constituye en torno a ciertos
componentes que están presentes en todo momento. Los componentes de las
negociaciones están mediados por elementos constitutivos valóricos de cada
individuo. La moral, la ética y la honradez, por mencionar algunos, son
consideraciones que intervienen en la estrategia a utilizar.
Componentes de coerción: se agrupan en esta categoría
todas las tácticas de presión sobre el adversario, cuyo objetivo es obligarle a
realizar concesiones. Ejemplos de estos son las amenazas, agresiones,
intimidaciones, etc.
Componentes de disimulación: cada negociador va a
tratar de esconder su juego tanto como sea posible. Poseer una información
capital sobre el adversario (sobre sus objetivos, su estrategia, su voluntad de
concretar o no, su punto de resistencia, etc.) es poseer un poder sobre él.
Ejemplos de estos son los disimulos, las exageraciones, las omisiones, etc.
Componentes de persuasión: negociar es argumentar,
intentar convencer al adversario que está equivocado, que nosotros tenemos razón
y que no podemos adoptar otra posición más que la que defendemos. Ejemplos de
estos son las argumentaciones, las promesas, las actuaciones, etc.
Componentes de acomodación: son
aquellos que conducen al acercamiento de las posiciones, al acuerdo. Ejemplos de
estos son las concesiones, las ofertas, el cese de algunas exigencias, etc.
Las habilidades personales que se necesitan desarrollar para ser
un buen negociador podemos mencionar las siguientes:
·
Seguridad, temple y firmeza en la
posición que se intenta defender.
·
Flexibilidad para cambiar de
estrategia o reenfocar el conflicto.
·
Honestidad y honradez para generar
confianzas entre las partes involucradas.
·
Perseverancia para continuar a pesar
de tropiezos desmoralizantes.
·
Agilidad y rapidez de pensamiento
para aprovechar las oportunidades que se presentan.
Es importante notar que como educadores responsables de un
proceso de formación en los alumnos, nos corresponde la misión de velar porque
“el fin no justifique los medios”. Es importante crear la sana consciencia que
no todo es negociable ni tampoco a cualquier costo para conseguir nuestros
objetivos. No sólo podemos enseñar en un procedimiento sino que además debemos
moderarlo y resguardar valores más elevados.
El
trabajo en equipo
es probablemente una de las habilidades sociales más importante y deseable de
instalar en niños y adolescentes en relación con los nuevos desafíos de la
educación y el mundo del trabajo. La constante complejización del escenario
laboral hacen cada vez más indispensable la necesidad de trabajar en equipo
aunando las capacidades personales en fin de objetivos comunes y sortear
exitosamente las tensiones, conflictos y diferencias de opinión que se generan
al interior de los equipos de trabajo.
A continuación revisaremos algunas características que hacen del trabajo en
equipo una buena forma de conseguir trabajar unidos por causas comunes.
Primero, se pueden establecer algunas diferencias fundamentales en relación con
un simple grupo de personas y un verdadero equipo de trabajo.
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Características de un grupo: |
Características de un equipo: |
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·
Algunas personas reunidas.
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·
Un agregado de personas con
una organización clara.
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·
No hay claridad en lo que
hacen ni para qué lo hacen. |
·
Existen objetivos explícitos
y compartidos.
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·
Cada integrante trabaja para
sí mismo.
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·
Hay coordinación y
cooperación para lograr los objetivos propuestos.
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·
Escasa motivación de logro.
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Demuestran gran motivación para lograr lo que se
proponen. |
Por tanto, las ventajas comparativas son evidentes. Sin embargo
qué beneficios trae a un conjunto de estudiantes trabajar unidos. También
podemos listar algunas características.
¿Por qué trabajar en equipo?
· Porque
es un medio para enfrentar el cambio con más fuerza y probabilidades de éxito.
· Porque
facilita la generación de respuestas rápidas y creativas en circunstancias
difíciles u hostiles.
· Porque
estimula la motivación hacia el trabajo si se reconocen los miembros con una
misma intención, facilitando así los medios necesarios para ello.
· Porque
ayuda a manejar y digerir la información que resulta compleja si se ponen en
juego todas las habilidades personales.
Es preciso considerar que no todos los grupos llegan a
convertirse en equipos de trabajo y probablemente conozcamos muchos ejemplos en
nuestras realidades educativas. Sin embargo hay algunas sugerencias que se
pueden tomar en cuenta para lograr la transformación hacia un trabajo más
colaborativo y por lo mismo, más eficiente.
Características de los grupos que llegan a ser equipo:
· Son
capaces de construir objetivos claros y compartidos y ponerse de acuerdo en sus
formas de ejecución.
· Definen
roles y responsabilidades entre los miembros dependiendo de las capacidades y
destrezas de cada uno.
· Detectan
y manejan sus conflictos a tiempo. Son honestos y francos en el planteamiento de
las dificultades que van surgiendo y cuentan con adecuados sistemas de
resolución.
· Dan
lugar tanto a la tarea como a las relaciones interpersonales.
· Revisan
y mejoran las comunicaciones, participación y la forma de hacer críticas
constructivas.
· Son
capaces de tomar decisiones y superar los momentos de tensión que ello puede
generar.
· Definen
y comparten roles de liderazgo para asegurar la sana convivencia.
Habitualmente los equipos de trabajo exitosos han
podido superar las tensiones e inconvenientes iniciales para lograr resultados
que satisfacen tanto al equipo como a las personas que los apoyan. Además se
fortalece la capacidad de los miembros para seguir trabajando juntos en el
futuro y la experiencia de equipo ha desarrollado la sensación de bienestar
personal en sus integrantes.
Taller 2: Tríada de apoyo

Este ejercicio pretende primordialmente ayudar
a los participantes a tomar mayor conciencia del “estilo personal” como
educador. La metodología empleada (tríada) fortalece el trabajo en equipo,
cooperativo, objetivador y de apoyo.
El díálogo lo inicia A hablando de “lo que no le resulta” como educador, en
lo que siente que tiene mayores dificultades. “B” escucha, clarifica, ayuda
a “A” a profundizar en lo que quiere expresar. Sirve de espejo. “C” observa
principalmente a “B”: ¿Cómo lo hace? si interrumpe mucho, si es demasiado
pasivo, si hace avanzar, si acoge, si aclara, etc.
El diálogo “A” – “B” dura 10 minutos a los que se deben agregar 5 minutos
para que “C” exprese lo que observó. “A” compartirá también cómo se sintió,
si se sintió ayudado y por qué. Lo mismo hará “B”.
En la segunda sesión se cambian los roles. Esta vez “B” habla de “lo que no
se atreve como educador”, son situaciones en las que se siente inseguro o
temeroso, “C” escucha, clarifica. “A” observa sobre todo a “C”.
Esta sesión como la anterior dura 15 minutos, dejando 5 minutos para la
evaluación y compartir de cada uno. Primero habla “A”, después “B” y
finalmente “C”.
La tercera sesión también dura 15 minutos. “C” habla de “lo que no sé como
hacer”, siente que le faltan recursos, formación o elementos para poder
intervenir más o mejor como educador. “A” escucha, clarifica. “B” observa
sobre todo a “A”. En la evaluación de 5 minutos habla primero “B” lo que
observó en “A”, luego “C” y finalmente “A”.
En plenario, se cierra la actividad enumerando las fortalezas que se
descubrieron en cada uno de los componentes de las tríadas. Es el momento,
además, para compartir experiencias personales como educadores en el actual
colegio o en experiencias en otras instuciones educativas.

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