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Obesidad Infantil

(Extracto 2º Encuentro de Orientadores Maristas
Dificultades de Adaptabilidad y Salud Mental Durante la Edad Escolar)

La obesidad se define como un incremento mayor de 20 por ciento sobre el peso normal para la edad del alumno, su sexo y su complexión. Varios factores contribuyen a ella: herencia, dieta poco sana, falta de ejercicios y, en algunos casos, metabolismo anormal o un trastorno personal o familiar. Hoy se relaciona más el hecho de ver la televisión con problemas de peso. Mientras la ven, se suele comer alimentos poco nutritivos, además reciben una dosis constante de comerciales dedicados a comida "chatarra"; también la exposición a la televisión los hace permanecer estáticos y lógicamente quemar menos calorías. De hecho, se sabe que la televisión pone a los alumnos en un estado de relajación que disminuye su metabolismo por debajo del nivel adecuado. Por cierto, muchos de estos factores favorecen la obesidad también en el adulto.

La obesidad tiene serias consecuencias para los niños y los adolescentes. Se asocia a problemas respiratorios y ortopédicos, lo mismo que a la diabetes. Además, la obesidad infantil eleva la presión arterial y el colesterol, factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular en el adulto. Dadas las definiciones sociales del atractivo físico, a los niños y a los adolescentes gordos se les bromea, se les ridiculiza y se les rechaza. Pueden, pues, tener poca autoestima, depresión y problemas de conducta. La obesidad infantil se convierte en un círculo vicioso en el cual la autoestima y el aislamiento social predisponen una excesiva ingestión de alimentos, manteniendo obeso al individuo.

Sin tratamiento, los niños y adolescentes obesos lo serán también en la edad adulta. Los programas más eficaces de tratamiento son intervenciones que se basan en la familia y procuran ante todo alentar hábitos saludables de alimentación, aumentando al mismo tiempo la actividad física de los padres y de sus hijos. La intervención ha de comenzar lo más pronto posible, antes que se adquieran hábitos nocivos de alimentación. Aproximadamente 40 por ciento de los niños gordos de 7 años de edad lo serán cuando sean adultos; en cambio, 70 por ciento de los adolescentes obesos mantendrá el exceso de peso en la edad adulta. Las dietas severas o drásticas, mientras un cuerpo joven está en crecimiento, pueden resultar peligrosas; los adultos deben desalentar los intentos de sus hijos en este aspecto. Los educadores pueden ayudar a las familias en sus esfuerzos por controlar el peso, favoreciendo hábitos sanos de alimentación, eliminando las colaciones "chatarra", aumento de la actividad física, desalentando las burlas y las bromas, atenuando los estereotipos relacionados con las personas excedidas de peso.

 


 

 

 
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