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Crisis propias del desarrollo

Jorge Jerez Orazio

Psicólogo

Seminario de Manejo de situaciones escolares conflictivas y relevantes

 

       Teoría de Erikson sobre el desarrollo psicosocial

 

El psicoanalista Eric Erikson (nacido en 1902) presentó la única teoría importante del desarrollo de los seres humanos que cubre todo el proceso de la vida. Erikson trabajó sobre el concepto freudiano del yo para considerar la influencia de la sociedad en el desarrollo de la personalidad. Consideró 8 etapas en el desarrollo a lo largo de la vida, cada una de ellas en función de la resolución con éxito de una crisis o punto de giro. Cada crisis es un hecho que necesita ser resuelto en un particular momento del desarrollo, y su objetivo es el equilibrio entre dos alternativas. El que se llegue o no a esa solución tendrá gran impacto en el desarrollo de la personalidad.

 

Crisis 1: confianza básica frente a desconfianza básica (del nacimiento a los 12-18 meses). Un cuidado constante y digno de confianza es el determinante básico para resolver con éxito esta crisis. Los niños basan sus conclusiones sobre la forma en que son cuidados, principalmente en la satisfacción de sus necesidades alimenticias, pero también en la forma en que son cargados, protegidos y cuidados confortablemente y en seguridad. El niño que confía en su madre (a quien Erikson considera la cuidadora primaria) es capaz de permitir que se aleje de su campo de visión porque está seguro de que volverá. Al mismo tiempo, esta confianza se convierte en un barómetro a través del cual puede valorar a los demás y determinar en quién confiar y en quién no confiar.

 

Crisis 2: autonomia frente a vergüenza y duda (de los 18 meses a los 3 años). Apoyados en el sentido de confianza ya establecido, los niños se dedican a explorar su entorno con sus recién desarrolladas habilidades para moverse y utilizar el lenguaje. Aprende cuál es su independencia (autonomía) y cuáles son sus limitaciones. Un fuerte sentido de la duda les ayuda a conocer sus propios límites y el desarrollo de la vergüenza indica los inicios de la distinción entre lo correcto y lo equivocado. La función de los padres en esta etapa es proveer a los niños de un nivel adecuado de control. Si es excesivo, inhibirá la autonomía del niño, mientras que si es acaso, el niño puede volverse demasiado impulsivo.

 

Crisis 3: iniciativa frente a culpa (de los 3  los 6 años). El conflicto básico en esta etapa se establece entre la iniciativa de planear y llevar a cabo actividades y los remordimientos sobre lo que el niño quiere realizar.  Los niños han de aprender a regular estos aspectos de la personalidad y poder, por tanto, desarrollar un sentido de la responsabilidad y ser capaces de disfrutar de la vida. Si, por ejemplo, el sentido de culpabilidad se desarrolla excesivamente, los niños se autocontrolarán también en exceso, reprimiendo sus iniciativas y la libre expresión de su personalidad.

 

Crisis 4: laboriosidad frente a inferioridad (de los 6 a los 12 años). En esta etapa los niños deben aprender las claves de su cultura, tanto a través de la escuela como de los adultos y los niños mayores. La productividad y un sentido de competencia son importantes si son moderadas por el conocimiento del niño que todavía le queda mucho por aprender. Esta etapa coincide en el tiempo con el denominado período de las operaciones concretas, cuyas habilidades permiten obtener muchos logros productivos. Los niños que se sienten inferiores a sus compañeros pueden refugiarse en la seguridad de su familia, definiendo así su desarrollo cognitivo; los niños, absortos por la importancia de la laboriosidad, pueden arrinconar las facetas emocionales de su personalidad.

 

Crisis 5: identidad frente a confusión de roles (de los 13 a los 19 años). Erikson sostiene que la búsqueda de identidad individual se inicia en la adolescencia y continúa en la edad adulta, ocupándose de diferentes cuestiones en función de la etapa de la vida de la que se trate.

 

La tarea más importante de un adolescente es la búsqueda de su identidad, resolver la cuestión “quién soy en realidad”. Esta cuestión no se resuelve plenamente en la adolescencia, sino que se repite a lo largo de toda la vida.

 

Los repentinos cambios temporales desconciertan a los jóvenes y les hacen preguntarse qué personas han sido hasta ahora y en quiénes se están convirtiendo. Se preguntan “¿soy la misma persona que solía ser?” o “¿cómo seré a partir de ahora?” y, tratando de descifrar su mayor preocupación, realizarse en la vida, están en peligro de sentirse confusos. Esta confusión aparece reflejada en el excesivo tiempo que emplean algunos en elegir una profesión. La confusión también se refleja en el culto al héroe, en la impulsividad infantil o en la intolerancia hacia los demás.

 

Enamorarse es considerado por Erikson como un intento de definir la identidad. A través de una relación más íntima con otra persona y compartiendo pensamientos y sentimientos, el adolescente ofrece su propia identidad, la ve reflejada en la persona amada y es más capaz de conocerse a sí mismo.

 

Investigaciones con estudiantes han confirmado la opinión de Erikson de que las personas que han resuelto su propia crisis de identidad, especialmente en relación con sus objetivos profesionales, son más capaces de desarrollar relaciones íntimas con otras personas.

 

Crisis 6: intimidad frente a aislamiento (de los 20 a los 40 años) El joven está ahora preparado para comprometerse en una relación más íntima con otra persona, arriesgándose a una pérdida temporal del yo en situaciones que requieren abandonarse (como el coito y el orgasmo, el matrimonio o una amistad muy íntima). Mientras que un cierto grado de aislamiento es necesario para mantener la propia individualidad, en demasía puede impedir la capacidad de unirse a otra persona de forma íntima y llevar a un estado de soledad y de aislamiento.

 

            Crisis 7: generatividad frente a estancamiento (de los 40 A los 65) Alrededor de los 40 años los individuos se enfrentan a la necesidad de generatividad, una preocupación por establecer y guiar a la siguiente generación, que puede expresarse a través de la educación de los hijos propios, tomando bajo tutela a jóvenes protegidos o a través de algún trabajo creativo y productivo.

 

Cierto grado de estancamiento puede ser útil, como contrapeso que permita a la creatividad cierto reposo, pero en exceso puede conducir a la autoindulgencia o incluso a la invalidez física o psicológica.



 

 

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