La educación es un sector tradicionalmente
poco dado a novedades y cambios. Seymour Papert nos ofrece una historieta
que ilustra los diferentes ritmos de cambio en educación y en la profesión
médica:
Imagínense, dice Papert, un grupo de viajeros del tiempo del siglo pasado,
entre ellos un grupo de cirujanos y otro de profesores, que aparecieran en
nuestros días para ver cómo habían cambiado las cosas en sus respectivas
profesiones en cien o más años.
Piensen en el "shock" del grupo de cirujanos asistiendo a una operación en
un quirófano moderno. Sin duda podrían reconocer los órganos humanos pero
les sería muy difícil imaginar qué se proponían hacer los cirujanos actuales
con el paciente, los rituales de la antisepsia o las pantallas electrónicas
o las luces parpadeantes y los sonidos que producen los aparatos presentes.
Los profesores viajeros del tiempo, por el contrario, sólo se sorprenderían
por algunos objetos extraños de las escuelas modernas, notarían que algunas
técnicas básicas habían cambiado (y probablemente no se podrían de acuerdo
entre ellos sobre si era para mejorar o para empeorar) pero comprenderían
perfectamente lo que se estaba intentando hacer en la clase y, al cabo de
poco tiempo, podrían fácilmente seguir ellos mismos impartiéndola.
La moraleja del cuento es evidente: el sistema educativo no es precisamente
un ambiente en el que la tecnología tenga un papel relevante para las tareas
que allí se realizan. Es más, sus practicantes, tradicionalmente y salvo
honrosas excepciones, se han mostrado bastante reacios a incorporar
novedades en su estilo de hacer las cosas. Sin embargo, la actual revolución
tecnológica afectará a la educación formal de múltiples formas. Así lo
señalan los diversos documentos, estudios, congresos,etc. auspiciados por la
Unión Europea sobre la sociedad de la información. En casi todos ellos se
destaca un hecho importante: La sociedad de la información será la sociedad
del conocimiento y del aprendizaje.
