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Cuáles son los componentes del "yo"
a) Hay un componente mental. Yo sé que
soy capaz de pensar por mi cuenta. Soy consciente de mis cualidades y atributos
fisicos (mi estatura, mi cara, mi volumen...), aunque quizás no esté muy
contento de ellos. El niño no es muy consciente de todo esto ni lo valora; el
adolescente empieza a valorarlo, a veces negativamente, y le atormenta su
cuerpo, lo siente desgarbado, feo, no armónico, etc.
b) Hay también hay componente afectivo. Me
siento o no, a gusto con mi "yo". Como sabemos, los sentimientos emergen con
naturalidad, no están sometidos al dominio de la voluntad. Dicen que el
pájaro vuela, el pez nada y el ser humano siente. Los sentimientos son algo
primitivo, innato, un componente afectivo que hace sufrir a veces a las
personas.
c) El componente evaluativo es la capacidad de
observarse a si mismo con aprobación o desaprobación. A veces es una mirada
global a toda la persona, otras veces a un aspecto concreto (la inteligencia, la
simpatía, la habilidad física...). Esta aprobación o desaprobación influye en el
auto concepto o autoestima de la persona.
d) En cuarto lugar, están las actitudes
estables del "yo". Cuando las evaluaciones del "yo" se repiten constantemente y
me sigo juzgando una y otra vez como torpe para relacionarme con los demás, o
torpe intelectualmente, se van formando los rasgos obstinados del "yo", que
se aferran a esa evaluación. Hay como una tendencia interior a mantener y
defender esa evaluación aunque esté basada en suposiciones falsas.
e) Finalmente, nos encontramos con el
componente inconsciente: experiencias anteriores que no nos gustan y hemos
reprimido. Un niño puede tener odio hacia uno de sus hermanos o hacia uno de sus
padres; y como su sensibilidad moral incipiente no le permite aceptar todo eso,
lo reprime.
Por lo tanto, el "yo" es algo interesante y
complejo: tenemos un "yo mental", un "yo afectivo", un 'yo
valorativo ", un 'yo obstinado ", un 'yo inconsciente ". Y por
si fuera poco, ese "yo" tan complejo va evolucionando, cargándose de
experiencias, de valoraciones... desde los cero años.
Las experiencias anteriores olvidadas o
reprimidas
Como dijimos, hay una serie de experiencias y
sentimientos que han sido reprimidos porque no eran tolerables para la
sensibilidad moral incipiente del niño (odio hacia el hermano pequeño o aversión
hacia uno de los padres). El problema es que estas experiencias reprimidas están
influyendo de un modo inconsciente sobre sus reacciones y sobre la idea que
tiene de sí mismo; por ejemplo, un sentimiento difuso de culpabilidad que está
produciendo una imagen negativa de sí mismo, "soy malo ", pero no sabe
por qué.
Cuando vemos que una reacción, un efecto, es
mayor que la causa, es sencillamente porque la causa aparente no es toda la
causa real. Si ves a un niño profundamente herido por una cosa sin importancia,
una crítica suave, probablemente es que esa crítica ha puesto en movimiento
sentimientos muy profundos que hay ahí reprimidos, olvidados: sentimientos de
inferioridad, heridas sin cicatrizar instaladas en su sensibilidad y la
consiguiente evaluación negativa de sí mismo, etc.
Nos pasa también a los adultos, que por cierto
estamos también en la misma lucha por la madurez y la normalidad. Tenemos cosas
negativas, olvidadas en etapas de nuestra vida, o épocas en que nos
calificábamos negativamente, en el terreno moral, intelectual o social. Cosas
olvidadas en un baúl que tiene todavía la cerradura abierta, o una rendija por
la que deja escapar su influencia en nuestras reacciones y sentimientos.
Necesidades Íntimas del "yo" y reacciones
de la familia o el grupo
Como dijimos, la evolución normal del "yo"
depende de un equilibrio entre dos necesidades básicas: la necesidad de
afirmarme como independiente y responsable, y la necesidad de que me
estimen, que me acepten en un grupo (familia, compañeros de clase, amigos
de fin de semana, grupos deportivos, paraescolares, cristianos).
Hay padres que parecen esforzarse por evitar
que el niño sea independiente y responsable, intentando protegerle demasiado.
Otros son atosigantes, rígidos. Hoy día no existe autoritarismo de mandato y
exigencia, pero sí existen padres muy perfeccionistas, angustiosos, que creen
que cualquier dificultad es un drama. Esta angustia puede no dejar espacio
suficiente a la libertad, algo conveniente en una sociedad que requiere personas
con asertividad, capaces de afirmar sus opiniones y decisiones ante los demás,
decir no a libertad sexual, a la droga, al alcohol, a un estilo de vida
irresponsable.
La familia no atosigante, no rígida ni
autoritaria, deja opinar, toma en consideración al niño, le da importancia,
fomentando un sano "yo" independiente y seguro de sí mIsmo.
Cuando el grupo de adolescentes tiene un líder
absorbente que ridiculiza a los que no se someten a sus leyes, se produce un
desequilibrio entre la pertenencia al grupo y la independencia del "yo". A veces
es recomendable sacar de ese grupo al niño inseguro y poco afirmativo, y
buscarle otros grupos de pertenencia más fáciles (grupos de actividades
culturales, humanitarias, deportivas de los colegios, parroquias y otras
instituciones).
Los padres deben estar atentos a que los hijos
vayan creciendo con equilibrio entre esos dos polos: estar con los demás y tener
personalidad diferente. Hemos desarrollado en charlas anteriores lo relativo a
la madurez social, el "estar con". Veremos más adelante cómo fortalecer el "ser
independiente" con equilibrio, es decir, la sana asertividad.
En todo caso, lo importante es la imagen que
estamos dándoles con nuestros hechos, más que con nuestras palabras. En este
sentido, es muy relevante la "anécdota del eco" que un amigo me ha enviado por
e-mail (no sé quién es el autor).
Un niño y su padre, estaban caminando en
las montañas. De repente, el hijo se cae, se lastima y grita: Aahh! Para su
sorpresa oye una voz repitiendo en algún lugar de la montaña: Aahh!
Con curiosidad el niño grita: ¿Quién está
áhí? Recibe una respuesta: ¿
Quién está ahí?
Enojado con la respuesta, el niño grita:
Imbécil. y recibe de respuesta: Imbécil.
El niño mira a su padre y le pregunta: ¿Qué
sucede? El padre, sonríe y le dice: Hijo mío, presta atención. Y entonces el
padre grita a la montaña: Te admiro. y la voz responde: Te admiro. De nuevo, el
hombre grita: Eres estupendo. y la voz le responde: Eres estupendo. El niño
estaba asombrado, pero no entendía.
Luego, el padre le explica: La gente lo
llama eco, pero en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces.
Nuestra vida es simplemente un reflejo de
nuestra acciones. Si deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor.
Si deseas felicidad, da felicidad a los que te rodean. Si quieres una sonrisa en
el alma, da una sonrisa al alma de los que conoces. Esta relación se aplica a
todos los aspectos de la vida. La vida te devolverá exactamente aquello que tú
le has dado. Tu vida no es una coincidencia, es un reflejo de ti. Alguien dijo:
Si no te gusta lo que recibes de vuelta, revisa muy bien lo que estás dando...
Los padres y educadores debemos comenzar
poniendo en práctica estos consejos tan bonitos, porque quizá los niños son en
gran parte un reflejo de nuestras acciones y actitudes. Si queremos de ellos un
"yo" equilibrado, tenemos que hacer el esfuerzo de mostrarles que nuestra
persona sabe al mismo tiempo "ser independiente" y "estar con los demás".
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