(Extracto 2º Encuentro de Orientadores Maristas
Dificultades de Adaptabilidad y Salud Mental Durante la Edad Escolar)
No son sólo los adultos
son los que se deprimen. Los niños y los adolescentes pueden sufrir también
de depresión, que es una enfermedad tratable. La depresión se define como
una enfermedad cuando la condición depresiva es persistente en el tiempo e
interfiere con la habilidad de funcionar normalmente del niño o del
adolescente.
La depresión afecta a más del 10% de la población mundial, con un elevado
costo social dada la imposibilidad de trabajar por largos períodos que
produce en algunos casos. En Chile el 25% de los pacientes (niños y adultos)
depresivos no reciben tratamiento.
Un reciente estudio de la OMS (1998) concluyó que la cuarta parte de los
consultantes en el nivel de atención primaria tenía algún trastorno
psíquico, siendo el más común de estos la depresión. Se calcula que en
Santiago la depresión afecta al 17% de su población general, sobre todo
mujeres entre los 25 y 46 años en relación 3 a 1 respecto de los varones.
Aproximadamente el 5% de los niños y adolescentes de la población general
padece de depresión en algún momento. Los estudiantes que viven con mucha
tensión, que han experimentado una pérdida o que tienen desórdenes de la
atención, del aprendizaje o de la conducta corren mayor riesgo de sufrir
depresión. En consecuencia, esta enfermedad se constituye como la causa
principal de fracaso escolar, suicidio y algunas enfermedades como anorexia
y bulimia nerviosa.
Por otra parte, la depresión y la desesperanza son dos de los factores más
importantes que contribuyen a la ideación suicida de los jóvenes; y aunque
la tasa de suicidio juvenil no ha irrumpido de forma descontrolada,
constituye la segunda o tercera causa de muerte en la edad juvenil.
El comportamiento de los niños y adolescentes deprimidos es diferente al
comportamiento de los adultos deprimidos. Los psiquiatras y psicólogos
infantojuvenil recomiendan a los padres y educadores que estén atentos a los
síntomas de depresión que puedan presentar sus hijos y alumnos, como:
• Tristeza y llanto profuso persistente.
• Desesperanza.
• Pérdida de interés en sus actividades favoritas; o incapacidad para
disfrutar de las actividades que antes les eran agradables (anhedonia).
• Aburrimiento y falta de energía persistente.
• Aislamiento social, comunicación pobre.
• Baja autoestima y culpabilidad.
• Sensibilidad extrema hacia el rechazo y el fracaso.
• Irascible, hostil, aumento en la dificultad de relacionarse.
• Quejas frecuentes de enfermedades físicas, tales como cefalea o dolor de
estómago.
• Ausencias frecuentes a la escuela y deterioro en los estudios.
• Baja considerable en la concentración.
• Cambios notables en los patrones de comer y de dormir.
• Hablar de escaparse de la casa o tratar de hacerlo.
• Pensamientos o expresiones suicidas o comportamientos autodestructivos.
Un niño que jugaba a menudo con sus amigos empieza a pasarse la mayor parte
del tiempo solo y pierde interés por todo. Las cosas de las que disfrutaba
previamente ya no le dan placer al alumno deprimido. Los niños y
adolescentes deprimidos dicen a veces que quisieran estar muertos o pueden
hablar del suicidio. También pueden abusar del alcohol o de otras drogas
tratando de sentirse mejor.
Los niños y adolescentes que se portan mal en casa y en la escuela pueden
estar sufriendo de depresión sin que nadie lo note. Los padres y los
educadores no siempre reconocen el mal comportamiento como un síntoma de
depresión porque los niños deprimidos menudo dan la impresión de estar
tristes. Sin embargo, si se les pregunta directamente, algunas veces admiten
que están tristes o que son infelices.
El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión son esenciales para
los niños deprimidos. Esta es una enfermedad real que requiere ayuda
profesional. Un tratamiento comprensivo a menudo incluye ambas terapias,
individual y de familia. Puede también incluir el uso de medicamentos
antidepresivos.
