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Significados y equívocos de la palabra convivencia

J. Ma. García de Dios
Revista Padres y Maestros - No 244

En lenguaje algo elaborado convivir, en realidad, es vivir-con-otros. Y significa compartir el escenario de la vida y las vivencias y experiencias. A veces se llama coexistir. O cohabitar. O compartir la intimidad, sabiendo que los niveles de calidad en la convivencia se van a determinar compaginando los espacios y las experiencias de convivencia y el respeto a la autonomía y a la intimidad personal de cada uno de los que conviven.

En lenguaje más popular se traduce por “estar en las duras y en las maduras”. Soportarse lo mejor posible. Vivir juntos. Divertirse juntos. Sufrir juntos. Soñar juntos. Dormir juntos. Y amarse juntos. A veces la convivencia es un armisticio, armado o desarmado, en el que se mantiene un equilibrio de fuerzas que están enfrentadas, calculadamente inactivas pero cargadas de amenazas, de reproches, siempre a la caza de los movimientos tácticos del otro bando.

A veces la convivencia consiste en guardar las formas de una llamada buena educación o urbanidad, pero sin vinculaciones efectivas y sin la búsqueda del bienestar de los otros.

Los parásitos también conviven, siempre a costa de los otros, alegando sus derechos y relegando hasta el olvido más total sus deberes. Y parásitos pueden ser unos hijos que lo exigen todo y no se sienten obligados a nada, Y parásito puede ser uno de los componentes de la pareja que reclama y no escucha las reclamaciones que se le hacen.

Nadie tiene derecho a ser parásito. Y, por supuesto, nunca se nos ocurrirá llamar parásito al más desvalido o menos capacitado que reclama nuestro tiempo y nuestro afecto: se llame niño pequeñito, persona enferma, o abuelo anciano.

La convivencia es como la utopía del bien común en cuanto estilo de vida. Utopía porque orienta hacia un horizonte inalcanzable a máximos, pero en el que se puede ir progresando mediante experiencias logradas. Un bien común que es común porque nunca pasa por el mal de nadie y nunca se logra a costa de los otros, ni es el bien sólo de la mayoría.

Y un bien que es común porque se logra entre todos. Porque la convivencia es, precisamente, un logro de todos, un logro para todos, y un logro con todos.

La convivencia es a la vez el objetivo de la educación y el método para lograrlo. Porque se trata de aprender a convivir (objetivo) y eso se aprende conviviendo (método). La convivencia ¿es un derecho que tenemos o un deber que tienen los demás?

Y si son las dos cosas, ¿qué nos está pasando cuando no la logramos? La convivencia se brinda, no se exige. Porque antes de exigirla tenemos que ofrecerla de verdad. La convivencia se logra. No sucede sin que nosotros la hagamos posible.

La convivencia es uno de los indicadores más objetivos de la calidad de la vida de nuestras familias porque no se apoya en los roles de cada persona en la casa, sino en la relación de persona a persona entre todos los componentes del grupo familiar.


 

 

 

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