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Familia y Rendimiento Escolar (1° Parte)

Dr. E. Carrasco. En revista “De Familias y Terapias”, año 1 

La calidad de la educación depende de poderosas variables socio-culturales y económicas. Así, el nivel socioeconómico del colegio, la excelencia académica de los docentes y el contexto donde se realiza el aprendizaje resultan fundamentales. Pero lo que interesa resaltar aquí es que, para la variación individual en las posibilidades de éxito escolar, la organización de las relaciones en el interior de la familia constituye un factor significativo.

Desde una perspectiva sistémica, se plantea que la maduración neuropsíquica del niño no es independiente de las dinámicas interpersonales de la cuales forma parte desde su nacimiento. Por esto, en la evaluación y tratamiento de los niños con dificultades en el rendimiento, es fundamental el conocimiento de los patrones de interacción (intrafamiliares y de la relación familia – escuela) que pueden incidir positiva o negativamente en la evolución del problema.

Ni el niño es un sujeto pasivo, puesto que modifica su medio y organiza su experiencia, ni el medio es estático y neutro como fuente de estímulos. La familia enmarca, modula y otorga significado a las experiencias del niño, gestándose así en él un cierto modo de “aprender a aprender”. La competitividad o pasividad, la valoración del rendimiento, el significado de un fracaso, la autoestima, son sistemas cognitivo – afectivos que el niño desarrolla apropiándose de significados y valores elaborados colectivamente y que después reproduce en el contexto escolar.

Lo anterior no significa señalar a la familia como causante o culpable de los problemas de rendimiento escolar. Lo importante es percibir que en el acoplamiento “niño en desarrollo – contexto familiar”, las dificultades que pueden llegar a constituir problemas de rendimiento se verán amplificadas, perpetuadas o atenuadas.

Esta visión causal tiene consecuencias en las categorías que se utilizan para distinguir tipos de problemas de rendimiento. Reducir a causas biológicas (trastornos específicos del aprendizaje) y aquellos causados por trastornos emocionales asociados a una familia disfuncional, resulta insuficiente. De esta forma, una vez que se diagnostican las causas específicas del problema, puede ser fácil omitir la exploración o consideración de los factores familiares asociados y relevantes para el enfrentamiento del problema. Incluso en el caso de factores biológicos, la forma en que la familia se organiza en torno al problema del niño, puede contribuir a su perpetuación o dificultar su recuperación (sobreinvolucración, diferencias en los estilos de enseñanza de los padres, sobreprotección, etc.). En estos casos, enfatizar la causa orgánica ayudaría a los padres a “liberarse de los sentimientos de culpa”, pero también podría cerrar el camino a ver sus problemas y hacer los esfuerzos por cambiar.

Frente esto, resulta apropiado enfrentar esta realidad compleja planteándose preguntas que involucren los diferentes aspectos que hay que considerar al momento de planificar una entrevista con los padres y el niño en el contexto escolar:

a) ¿Qué problemas hay en el niño (en su desarrollo neurológico y emocional) que contribuyen a sus dificultades en el rendimiento escolar?

b) ¿Qué aspectos del sistema escolar pueden ser relevantes (positiva o negativamente) para un alumno que fracasa? (recursos, metodología docente, tamaño del curso, relación profesor – alumno, etc.).

c) ¿En qué forma la familia está organizada en relación al problema escolar del niño?.

d) ¿Qué problemas hay en la relación familia – escuela que puedan ser significativos para las dificultades del hijo – alumno?.

El planteamiento de preguntas lo más abarcadoras posibles, determinará la obtención de los antecedentes y puntos de vista más relevantes para un adecuado enfrentamiento de los problemas escolares del niño y de sus causas.


  

 

 
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