Una estrategia para la comunicación.
Revista Aula de innovación educativa. Nº 80
Uno de los objetivos del aprendizaje es
formar personas capaces de interpretar los fenómenos y los acontecimientos
que ocurren a su alrededor. A menudo, a los profesores nos resulta difícil
reconocer las dificultades de aprendizaje que van encontrando los alumnos
durante su vida escolar para adquirir nuevos conocimientos.
Para aprender, el alumno debe entrenarse en reconocer las dificultades y los
errores que comete durante el proceso de aprendizaje con el objetivo de
poder superarlos, es decir, para que realice el aprendizaje de la
autorregulación (Jorba y Sanmartí, 1996). Para ayudar al alumno en este
proceso, disponemos fundamentalmente de dos elementos: los diferentes
instrumentos y estrategias de evaluación y la gestión del aula en grupos de
trabajo cooperativo (Izquierdo, Solsona y cols., 1998). La concepción de la
evaluación entendida como autorregulación de los aprendizajes va
extendiéndose poco a poco en las aulas, a nivel de la enseñanza secundaria.
Algunos instrumentos de evaluación, como la confección de mapas conceptuales
por el propio alumnado, el uso de bases de orientación y la técnica de la V
heurística que acompaña la realización de un trabajo práctico, son cada vez
menos desconocidos para el profesorado.
Para conseguir la formación de estudiantes autónomos que construyan su
sistema personal de aprender, debemos tener en cuenta algo más que los
contenidos escolares y la potenciación de determinadas habilidades
intelectuales incluidas en la inteligencia analítica. Tal como se señala en
otros trabajos, parto de la idea de que en las actividades de aprendizaje la
relación entre lo cognoscitivo y lo afectivo es indisociable del campo
motriz (Solsona, 1998). Tenemos que dar importancia a la educación afectiva
en un sentido amplio. No podernos olvidar que la inteligencia está conectada
con los afectos y los sentimientos y no se puede desdeñar la estructuración
de éstos mediante actividades como el fomento del trabajo cooperativo en
comparación con el poco lugar disponible en la clase magistral.
En general, las personas no aprendemos solas, sino que estamos integradas en
un contexto social que da sentido a lo que aprendemos. las estructuras de
conocimiento se originan y aplican en contextos de experiencia concretos. En
el caso de los alumnos, el contexto social está formado por sus familias, el
centro escolar y los valores presentes. Este contexto es el que puede
hacerle sentir necesidad de lo que falta por aprender y de lo que hay que
ajustar en el proceso de aprendizaje.
Una clase interactiva es aquella en la que se destina espacio y tiempo a la
interacción entre pares, entre los alumnos, frente al planteamiento de la
clase magistral que privilegia la interacción entre el alumno y el profesor.
Una perspectiva interaccionista del aprendizaje plantea la necesidad de
favorecer situaciones en las que el alumnado aprenda a discutir, compartir
tareas y contrastar puntos de vista. Para ello es importante que desde el
primer momento la clase sea un lugar en el que todo el mundo pueda aportar
algo a su desarrollo.