Educar en la resolución de conflictos
Aprender a confrontar intereses opuestos
Montserrat Diego y Pablo Gandarillas
Vicenç Fisas define el conflicto como "una
situación en la que un actor (una persona, comunidad, Estado, etc.) se encuentra
en oposición consciente con otro actor, a partir del momento en que persiguen
objetivos incompatibles (o son percibidos como tales), lo que conduce a una
oposición, enfrentamiento o lucha". (Introducción al estudio de la paz y los
conflictos. Lerma 1987.)
En la mayoría de las ocasiones vivimos el
conflicto como una situación negativa, que provoca agresividad y angustia, por
lo que procuramos evitarlo a toda costa. Visto así, el conflicto es considerado
como un accidente, una circunstancia negativa y desagradable que perjudica el
desarrollo del grupo, y daña las relaciones entre sus componentes.
Sin embargo, el conflicto debe entenderse como
un proceso natural, como un componente básico de la vida social de los seres
humanos, indispensable para el crecimiento y desarrollo de las personas y las
sociedades.
El ideal, por tanto, no ha de ser que no
surjan conflictos (tarea imposible, por otra parte), sino procurar los
mecanismos adecuados para saber resolver satisfactoriamente cuantas situaciones
conflictivas se nos presenten. Desde esta perspectiva, el conflicto se contempla
como algo necesario y positivo para impulsar la tarea común a conseguir y
fortalecer la cohesión entre los miembros del grupo.
Algunas claves que conviene tener en cuenta
para lograr una resolución positiva de los conflictos son:
Favorecer una buena comunicación.
Evitar posturas cerradas
Esforzarse por ponerse en el lugar de los
otros.
Buscar el bien común.
Posibilitar la participación de todos.
Crear procesos de toma de decisiones basadas
en el consenso.
En la sala de clases nos podemos encontrar con
un sinfín de situaciones cotidianas que son generadoras de conflicto. Muchas
veces tales situaciones no son sino el reflejo de las propias vivencias de los
alumnos y alumnas fuera del ámbito escolar. Sin duda no siempre es factible
resolver todas ellas de forma satisfactoria. Proponemos dos de ellas.
A. Los juegos de simulación
Son juegos que tratan de reproducir
situaciones de la realidad, de forma que los participantes actúen
espontáneamente. La finalidad que proponen estos juegos es doble: por un lado,
la de que los alumnos tomen conciencia de cuáles son sus actitudes ante
situaciones concretas de conflictividad; y por otro, extrapolar estas dinámicas
concretas a situaciones cotidianas y reflexionar sobre qué conductas son las más
adecuadas.
B. Los juegos de rol
Son juegos de simulación en los que los
participantes desempeñan unos papeles concretos que les son asignados
previamente por el profesor. Si en los juegos de simulación lo importante era la
espontaneidad, en los de rol lo es que se obliga a los alumnos a ponerse en el
lugar de otras personas y defender posturas en función no de sus propios
criterios, sino del personaje que les ha tocado en suerte.
Objetivos
* Reflexionar sobre qué actitudes son las que ayudan a afrontar un conflicto y
resolverlo de modo que el grupo salga fortalecido.
* Tomar conciencia de los propios
comportamientos y sentimientos que se viven en una situación conflictiva.