Si eres capaz
de saborear
el placer que proporciona
una flor,
una sonrisa, un juego de niños,
eres más rico y más feliz
que el más ricachón:
él tiene todo
lo que se puede desear
y todavía
permanece insatisfecho,
incapaz de saborear las cosas,
porque está aprisionado
en sus riquezas.
Recuerda:
no es cuanto posees
lo que forma tu riqueza,
sino cuanto saboreas.
Phil Bosmans