Jorge
Jerez O.
Departamento de Estudios
Seminario de Desarrollo personal y competencias
profesionales
La
Resiliencia es un concepto que tiene su origen en la
metalurgia y alude a la capacidad que poseen ciertos
metales para resistir altas temperaturas sin perder sus
atributos. Este término, que al ser aplicado a
situaciones humanas, designa la capacidad que tienen
algunas personas para resistir y salir adelante
transformado y fortalecido ante situaciones adversas de
la vida. Estas pueden ser condiciones de vida
desfavorables y desestabilizadoras o frustraciones y
pérdidas personales importantes.
La resiliencia distingue dos componentes:
• La resistencia frente a la destrucción. Esto es, la
capacidad de proteger la propia integridad física,
mental y moral bajo situaciones de presión intensas,
traumas o inclemencias permanentes.
• La construcción de un repertorio de conductas vitales
positivas. Pese a las circunstancias difíciles el
individuo puede desarrollar recursos interiores latentes
que posibiliten una vida personal y social saludable y
constructiva, incluso llevándola hasta un nivel
superior. La desgracia y el dolor se transforma entonces
para estas personas en una oportunidad de crecimiento y
en una conciencia más lúcida de que son componentes
propios de la existencia humana.
Hoy se entiende como prioritaria la necesidad de
fortalecer en las personas, especialmente en los niños y
adolescentes, conductas internas para que puedan
resistir a las dificultades y los riesgos de las
situaciones en que les toca desenvolverse. El sentido
del humor, la autocrítica, la comunicación social, el
optimismo, la tolerancia ante la frustración, capacidad
de reacción, la autonomía, el sentido del compromiso,
etc. son características que hacen a estas personas
resistentes ante los embates de la vida.
El desarrollo y existencia de factores protectores
favorece la posibilidad de ser resiliente. Los factores
protectores son las influencias que modifican, mejoran o
alteran la respuesta de una persona ante algún peligro
que predispone a un resultado no adaptativo. Estos
factores le permiten al sujeto transformar esas
situaciones adversas para desarrollar su resiliencia, a
pesar de los riesgos a los que se ven expuestos.
Entre los principales factores protectores que favorecen
la capacidad de resiliencia encontramos:
Presencia de relaciones afectuosas. Es decir,
modalidades vinculares en donde estén presentes el amor,
la sensibilidad, la comprensión, el respeto e interés,
los que se incorporan efectivamente no sólo a través de
las palabras sino que con el ejemplo y las acciones, con
el fin de cimentar el sentido de seguridad y confianza.
Expectativas positivas de las personas. Ya sea en el
seno de la vida familiar, en el ámbito escolar o en las
relaciones laborales. Si se pone el acento en las
ventajas y fortalezas se entregan mejores garantías para
el desarrollo de las posibilidades de resiliencia.
Oportunidades de participación y contribución
significativa. Se refiere a las posibilidades de tener
responsabilidades importantes, incidencia en los
procesos de toma de decisiones, el ser y sentirse
escuchado y el aplicar las capacidades personales en
beneficio de la comunidad familiar, social, laboral o
educativa, entre otras.
Lo que realmente desarrolla la capacidad resiliente de
un individuo es la formación como personas socialmente
competentes que tengan conciencia de su identidad y
utilidad, que puedan tomar decisiones, establecer metas
y creer en un futuro mejor, satisfacer sus necesidades
básicas de afecto, relación, respeto, metas, poder y
significado. Y esto se transforma en una tarea diaria
que involucra distintos espacios tanto personales como
sociales.
Cómo
se adquiere fortaleza para superar las adversidades:
-
Cuidando la autoestima y reconociendo la imagen
personal.
-
Cultivando las capacidades, las potencialidades, las
virtudes y los atributos.
-
Posibilitando la expresión de sentimientos y
necesidades (saber pedir ayuda).
-
Tomando los errores como lecciones y no como
fracasos.
-
Siendo
creativos, flexibles y proactivos.
-
Estableciendo buenas relaciones afectivas.
-
Reflexionando antes de actuar, teniendo buen auto
control.
-
Viendo
la vida con optimismo, con sentido del humor.
-
Reconociendo fortalezas y debilidades propias.
-
Comprometiéndose con los proyectos personales.