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El Informe de Desarrollo Personal y Social
y los Objetivos Fundamentales Transversales

Raúl Cheix M.
Director CEIS Orientación y Capacitación
Seminario de Informe de Desarrollo Personal y Social

 

1. Naturaleza y propósito de los Objetivos Fundamentales Transversales


Uno de los aportes novedosos que contempla el actual proceso de Reforma Educacional que se implementa en el país es la formulación de Objetivos Fundamentales Transversales para la Educación Básica y para la Educación Media. De esta manera, se introduce en los Planes y Programas de Estudio un ámbito educativo que trasciende lo propio y específico de cada disciplina académica. Los actuales Sectores y Subsectores de Aprendizaje no sólo han cambiado su denominación con respecto a las asignaturas tradicionales. Su concepción, diseño y expectativas de logro son bastante diferentes a lo que anteriormente se concebía en el marco curricular del colegio.

La introducción de estos Objetivos Fundamentales Transversales supone un trabajo sistemático y orgánico de toda la comunidad educativa. Ellos están formulados para ser abordados en lo habitual y cotidiano de la actividad escolar. No se conciben circunscritos al ámbito de aula o a determinados momentos dentro de la programación de actividades educativas. La animación no está confiada en exclusiva a un agente o estamento específico del colegio. Por su naturaleza y propósito deben estar insertos en el continuo de la vida escolar y en cada una de sus manifestaciones. De la misma manera, supone un nivel de coherencia e integración con todas las actividades formativas que se realizan en la unidad educativa.

En definitiva, supone una situación nueva para el profesorado. Tradicionalmente, cada educador se planteaba desde la perspectiva de los aprendizajes específicos de su disciplina. De hecho, los decretos 4002 y 300 definieron el marco curricular, los requisitos de egreso de la Educación Básica y Media y los objetivos y contenidos de cada asignatura de estudio. Hablar hoy de Objetivos Fundamentales Transversales es invocar a perspectivas, enfoques e instancias concretas de integración que van más allá del quehacer específico de un área del saber o de un profesor en el desempeño de sus responsabilidades individuales. No se puede confundir Objetivos Fundamentales Transversales con interdisciplinariedad pero la requiere. De la misma manera, no se pueden asimilar con lo programático y lo extraprogramático o lo curricular y lo extracurricular, pero sí que está presente en cada uno de ellos.

Por su misma formulación, los Objetivos Fundamentales Transversales reposicionan los roles, responsabilidades y actitudes de profesores, alumnos y apoderados. Frente a un esquema tradicional de asignaturas de estudio, hoy se habla de sectores y subsectores de aprendizaje. Está claro que en el segundo el énfasis y centralidad reside en la persona del alumno. Desde una actitud pasiva aceptante se posiciona al alumno como un agente activo y participante en su propio proceso formativo. De la misma manera, los Objetivos Fundamentales Transversales no quedan circunscritos al ámbito privado de la unidad educativa, ellos deben ser expresión del ideario y misión institucional y que se presenta de manera explícita a los apoderados a través del Proyecto Educativo Institucional.
Posicionar el tema de los Objetivos Fundamentales Transversales en el conjunto de la comunidad educativa supone más un camino que una conquista ya alcanzada. Habla más de proyectos y esperanzas que de logros y resultados medibles y cuantificables ya ahora. Este no es un tiempo en que se dispongan de muchas respuestas, sino más bien es el tiempo para generar preguntas. Aún no hay experiencias probadas y validadas sino un cúmulo de iniciativas que hablan de creatividad e innovación. En este nuevo escenario no hay división entre teoría y práctica o entre animadores y seguidores. Es una nueva dinámica que supone mucho diálogo y compromiso entre todos los agentes que intervienen en el proceso. El verdadero impacto y relevancia de estos Objetivos Fundamentales Transversales nos parece que estará en directa relación con la forma como se aborde el trabajo en cada comunidad educativa.

2. Modalidad de evaluación cualitativa

El rendimiento escolar se ha posicionado de tal manera en el sistema educativo que se lo considera como prácticamente el único aspecto para referirse al alumno, en términos de su valer. Es decir, el alumno “vale” en la medida en que obtiene buenas calificaciones en el colegio. Este reduccionismo no solamente se percibe en los padres y en los alumnos, sino que además en muchos profesores e instituciones educacionales.

Las calificaciones, como valor casi absoluto para referirse a los alumnos hace que se distorsione bastante el sentido de la educación, la cual no es obtener buenas notas en sí. Además, genera en los alumnos que no las obtienen, un sentimiento de disminución, inutilidad y de rechazo social y actitudes proclives al fracaso escolar que se manifiestan en problemas de conducta, apatía, deserción escolar y riesgos sociales; y en los padres, una angustia y dinámica familiar que puede verse alterada al considerar a su hijo como incapaz en lo educativo. También esta falacia distorsiona la visión integral de los alumnos exitosos en sus calificaciones, pues se genera una opinión inversa y aunque positiva, también es parcial.

Lo que decimos de las calificaciones también lo podemos extrapolar al tema de las observaciones que obtiene un alumno en su hoja de vida. Lo más frecuente es consignar los comportamientos disruptivos de la dinámica de aula. Es habitual que se anote el no cumplimiento de una responsabilidad o el no disponer del material de trabajo. Por ello, en la estadística normal de un libro de clases no es común encontrar observaciones que reconozcan aportes positivos de los alumnos. Y esto ocurre además en los Consejos de Profesores. El tiempo empleado en el análisis de los alumnos que presentan dificultades de adaptabilidad escolar suele ser mucho más amplio, y el análisis mucho más detenido que de aquellos alumnos que desenvuelven su escolaridad bajo el epígrafe de “normal” o de acuerdo a lo esperable. No deja de ser contradictorio que las situaciones positivas y los alumnos que desempeñan un liderazgo positivo prácticamente pasen desapercibidos en las instancias formales de evaluación escolar.

De ahí la importancia que tiene un buen IDPS, tanto en su diseño, confección, aplicación y comunicación de resultados. No se trata por cierto, en falsear las evaluaciones para apoyar, consolar o estimular a un alumno determinado; sino en intentar reflejar, lo más objetivamente posible, la visión integral de un estudiante en un tiempo determinado. Muestra el cómo ha estado en un lapso, el cual se supone que ha sido acompañado y observado por el profesor a cargo. Es una visión de proceso, por lo que no es estática, ni determinista, ni predictiva. Tampoco se deben considerar los datos anteriores al lapso que se evalúa. Como no es rígida, hay que considerar que los alumnos varían en sus indicadores de una aplicación a otra aplicación; pero las posibilidades de que un alumno mejore los indicadores deficientes tienen que estar dadas por la guía intencionada del tutor y no dejarlas al libre arbitrio de factores externos al proceso educativo o simplemente pensar que éstas mejorarán porque el alumno y/o sus padres las recibieron por escrito en el informe.
Es importante también recalcar que es una evaluación cualitativa, por lo que hay que evitar
al máximo la subjetividad en la que se puede caer al evaluar indicador por indicador. Para evitar esta subjetividad es necesario respetar ciertos procedimientos y etapas que tienen su fortaleza en
el trabajo del equipo docente.

3. Presentación didáctica del IDPS a los padres y apoderados

Es importante que los padres estén al tanto del IDPS y que sus hijos serán evaluados dos veces en al año. El momento indicado para presentar el IDPS a los padres es la reunión de apoderados. Se le entrega a cada padre un ejemplar en blanco y se les comenta paso a paso en qué consiste dando ejemplos didácticos para cada indicador con situaciones observables en la vida escolar. Nunca se deben comentar los resultados de la aplicación (evaluación y autoevaluación), la que debe ser realizada después de esta información general a los apoderados, en forma colectiva.

El IDPS se entrega y comenta de forma personalizada a cada familia. Esta entrevista es una instancia altamente educativa y el tutor debe aprovecharla al máximo. Es importante recordar que cuando se evalúa cualitativamente a un alumno, los padres sienten que ellos y su gestión educativa en la familia también son evaluados. Es por esto que el tutor debe orientar tanto a padres como alumno, felicitar por los aspectos logrados y sobretodo desafiar al logro de aquellos indicadores que resultaron bajos. Quizás sea interesante concentrarse en uno de los indicadores y además de plantear una tarea, hacer un buen seguimiento de éste.

Las observaciones más relevantes conviene que queden consignadas en el espacio de comentarios y que sean firmados por el alumno, familia y tutor. De esta manera, es posible hacer el acompañamiento durante la segunda parte del año escolar.
 



4. Autoevaluación de los alumnos


El Ministerio de Educación ha considerado la autoevaluación de los alumnos en cuanto a los indicadores del IDPS desde 7º Básico hasta 4º Medio. Esto permite que cada alumno pueda apreciarse de una forma más amplia y dé una opinión de sí de forma autocrítica. Lo más importante es que hay que evitar la impulsividad y subjetividad propia de los alumnos al evaluarse a sí mismos y promover insistentemente la reflexión objetiva en forma global y de cada indicador. Para lograr esto, se procede en forma similar que con los padres. Se le entrega a cada alumno un ejemplar en blanco, pero con su nombre ya colocado, y se les comenta en qué consiste el IDPS y la función educativa que tiene, dando ejemplos didácticos para cada indicador con situaciones observables en la vida escolar y en las que ellos se puedan ver reflejados. Posteriormente se genera un diálogo con consultas generales. Después de esto se procede a que cada alumno vaya indicador por indicador autoevaluándose con la asesoría del tutor cuando se requiera.

Para evitar la subjetividad es adecuado que el tutor evalúe a sus alumnos, sin comunicárselo por supuesto, antes de la autoevaluación de ellos y después de haber recopilado la información pertinente. Esto da la posibilidad de contrastar ambas opiniones y de enriquecer el diálogo con la familia, especialmente si éstas difieren significativamente. Este elemento es particularmente significativo. Sólo es posible el cambio y crecimiento cuando se tiene consciencia y conocimiento cabal de él. Si el alumno no es consciente de sus potencialidades y limitaciones difícilmente podrá hacerse cargo de manera activa de su propio proceso educativo. Esta toma de consciencia es la tarea más significativa y delicada que se le confía al tutor de curso. Esto es especialmente importante cuando hay una discrepancia entre la percepción que el alumno tiene de sí mismo y la que le reporta el tutor y los demás profesores de asignatura.
 

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