Fernando de la
Fuente
Revista Padres y
maestros
1. Saber
reaccionar ante su negativismo, su "por qué" y sus
ocultaciones:
El negativismo,
es la primera afirmación de la personalidad de un niño
entre 2 y 5 años. En la mayor parte de los casos esto es
un "deporte" para ellos, y también para los
adolescentes. Hay que tomarlo como deporte. Habrá que
pararle los pies y dejarlos fuera de juego, pero no
manifestar excesiva contrariedad ni irritación, que es
lo que ellos en gran parte pretenden. Lo suyo no es
verdadera rebeldía, sino un juego, un tanteo de "aquí
estoy yo". Poner límites o sanciones pero sin aplastar
sus afirmaciones, aunque no las expresen respetuosa y
consideradamente.
Si quieres que sea
asertivo/a y capaz después de afirmar sus derechos, que
sepa decir "no" a muchas cosas, entre ellas al alcohol y
a la droga, no le aplastes la afirmación de la
personalidad ni a los 3 años ni a los 16. Deja que se
afirme ante ti, corrígele la falta de respeto, sin
ironía, sin ira, aunque haya que aplicar sanciones.
Nuestra serenidad y nuestro humor le desconcierta más
que nuestra cólera.
El por
qué, en los niños pequeños, suele ser una llamada de
atención pues está dispuesto a aceptar nuestras
respuestas debido, al principio de autoridad, que aún
viven hasta los 10 años. No hay que abusar de este
principio, evitando dar respuestas falsas, es decir,
responder con mentiras. El "por qué" rebelde de un
adolescente es también una llamada afectiva de atención;
cuando hay demasiados "por qué" tendríamos que
preguntamos si debajo de ellos hay una llamada afectiva,
un indicador de que no se le atiende bien, de que no hay
contacto personal. Los adolescentes afectivamente
satisfechos no son tan molestos con sus "por qué".
Muchas ocultaciones
y mentiras se producen cuando el niño está en una
situación de apuro, entre la espada y la pared, no
teniendo aún verdadero uso de libertad y madurez moral.
Muchos adultos mienten por lo mismo. Otras veces ocultan
sus sentimientos, o los niegan, o se avergüenzan de
ellos (de tener miedo, de estar inseguros, de su misma
vergüenza...). Cuidado con reprimir y ridiculizar estos
sentimientos; les duele profundamente, se ponen rojos,
etc. Es mejor reaccionar con naturalidad y ayudarle a
superar su inseguridad y aprender a expresar
oportunamente sus sentimientos.
2. Educar
sin manipulación:
Se educa sin
manipulación cuando se dan razones limpias, se responde
con la verdad. Cuidado con la sugestionabilidad de niños
y preadolescentes. Manipular es cualquier cosa que
alguien haga para coartarla capacidad de pensar y juzgar
por mí mismo.
Hay mucha gente que
nos manipula en la vida normal. Te manipulan los amigos,
te hacen ir donde tú no quieres, te impiden que tú
pienses por ti mismo o juzgues por ti mismo. Y esto es
especialmente delicado cuando el niño no es capaz de
saber en muchos casos lo que quiere o le conviene.
Para no manipular hay
que dar razones a base de valores limpios, nunca con
amenazas ni falsas razones basadas en el temor, en el
miedo, en el chantaje afectivo; aunque muchas veces hay
que explicar los peligros de ciertos comportamientos.
Cuando dices a tu hijo
"si no haces esto, no te quiero" o "te puede
pasar tal cosa" (exagerando o distorsionando la
realidad), no sólo estamos manipulándoles y abusando de
su sugestionabilidad, sino que les estamos enseñando a
manipular a los demás; y cuando sean algo más mayores,
nos manipularán a nosotros. Además, la manipulación les
influye negativamente creándoles ideas falsas de sí
mismos, temores raros.
¿Quién le enseñó la
manipulación? ¡Éramos nosotros cuando le manipulábamos a
él! Por lo tanto, si no podemos hacemos entender con
buenas y limpias razones, no les demos otras falsas y
manipuladoras; utilicemos nuestra autoridad sin
complejos y afirmemos nuestras razones. Y si se trata de
permisos o peticiones, atrevámonos a mandar y a decir
"no".
Si las razones son
limpias y objetivas ("esforzarte en un estudio serio
y constante, es bueno para ti, porque poco a poco vas
adquiriendo hábitos de trabajo eficaces y esto se
reflejará en tus calificaciones", etc.), irán
haciendo su efecto poco a poco. Pero no esperes a
convencerle para poderle mandar lo que es natural y de
sentido común. Si un niño no hace algo que es natural y
normal, por algo será, busquemos las causas, facilitemos
los medios, ayudémosle a un aprendizaje de pequeños
pasos, pero no le manipulemos nunca con falsas razones.
Otro tema es el
momento de proporcionar las buenas razones. A veces nos
precipitamos en la edad. Hay que ver cuántas lecciones
morales damos a los niños antes de tiempo, y en cambio a
partir de los 12 años, cuando son más necesarias que
nunca, guardamos silencio. Les abrasamos a discursos
éticos de 6 a 8 años, cuando lo que quieren es algo muy
concreto, muy a pie de terreno, muy operativo. ¿Por qué
nos callamos cuando tienen 15 años, que es cuando hay
que hablar de valores éticos, compartir, dar, ser
responsable en la sexualidad, etc.?
3. Cómo
les evaluamos:
La forma de manifestar
aprobación o desaprobación a tu hijo/a es muy
importante. La aprobación y elogio a la persona en vez
de a los hechos, como sería lo correcto, repercute
negativamente en el concepto de sí mismo. Pero,
atención: lo importante no es lo que tú le dices sino
cómo recibe el mensaje. A veces creemos que estamos
haciendo alabanzas ("estoy muy orgulloso de ti ")
Y estamos realmente transmitiendo otra cosa, nuestro
tono y gesto nos traicionan. Si estás desilusionado de
él o de ella, lo van a notar. Lo importante es que
sientan verdaderamente que su padre o su madre están
orgullosos de ellos. ¿Lo sienten así?
Ahora bien; ¿cómo lo
averiguamos? Quizá el otro cónyuge le puede preguntar,
aunque es dificil que los hijos digan la verdad
conscientemente (¿cómo voy a decir yo que mi padre no me
aprecia?). Con frecuencia mienten en sus respuestas;
incluso en entrevistas psicológicas competentemente
llevadas, no se logra que un niño diga
"mi padre no tiene ilusión por mi".
Recordemos. Las
personas más significativas (padres, profesores, amigos)
son las que más influyen en positivo o negativo con sus
evaluaciones. Un profesor desprestigiado o aborrecido no
tienen influencia especial si le valora mal; pero un
profesor-ídolo tendrá gran influencia. Cuanto más
cercano y más admirado, más influencia.
4. Cómo
hacerles más decididos:
Hay niños responsables
capaces de hacer decisiones y pequeños proyectos,
conseguir fines fijados conscientemente. Y algunos
afortunadamente lo aplican a los estudios. El problema
es cuando se retrasa la capacidad de voluntad, y esto se
refleja, para alarma de los padres, en los "dichosos
estudios". Se trata de un problema muy complejo, que
suele venir de atrás (ya no eran aplicados desde
pequeños, se les veía en educación infantil con una
atención difusa y desganada).
A veces el mal
estudiante no aplica la voluntad a los estudios, pero la
ejerce en otras cosas, proyectos relacionados con
aficiones, diversiones, amistades. El problema más grave
es cuando no existe capacidad de decisión voluntaria en
ningún aspecto, no se entusiasma con ningún juego, ni
con los amigos, no hace planes, parece que no quiere
nada... Puede tratarse de una seria inmadurez del yo.
Podría ser interesante una cono sulta al especialista.
En todo caso, será necesario una discreta actuación por
nuestra parte.