Seminario de desarrollo personal y desempeño laboral
Los mecanismos defensivos y adaptativos son sistemas
complejos usados para la percepción de la realidad y el procesamiento de la
información a la que accedemos. Se constituyen como formas adecuadas y
necesarias de insertarnos psicológicamente en los distintos ambientes y
contextos en que nos movemos. Son algunas de las formas que utiliza nuestro
organismo para mantener control y estabilidad sobre las circunstancias de la
vida psíquica y social.
Ambos mecanismos comprenden componentes emocionales,
cognitivos y conductuales que se organizan en intensidad, duración y frecuencia
en función de la calidad de los estímulos a los cuales deben responder.
Los mecanismos defensivos son las formas de
reacción personal que tienen la responsabilidad de proteger la integridad
psicológica del individuo y ayudan a mantener el autoconcepto de manera estable
y armoniosa. Se caracteriza por responder ante amenazas y peligros, reales,
latentes o imaginarios que se producen en los ambientes interpersonales o en el
ámbito intrapersonal o zonas de crecimiento. Algunos ejemplos son:
-
Introyección: incorporación imaginaria de un
rasgo, actitud o conducta de una persona amada u odiada en el yo o superyó
del sujeto. Por ejemplo, un estudiante que introyecta los deseos y
expectativas de su padre en su elección profesional para protegerse del
peligro que significa fracasar al asumir sus propias decisiones.
-
Proyección: mecanismo mediante el cual el sujeto
percibe el mundo exterior y en los otros en particular, características que
le son propias. Un ejemplo de este mecanismo ocurre cuando el niño pequeño
cree que los otros pueden “escuchar” lo que él está pensando. Los
adolescentes suelen destacar y criticar con más ímpetu los defectos de sus
padres cuando los reconocen intuitivamente en ellos mismos también.
-
Regresión: retorno hacia formas de conducta de un
período anterior en situaciones que producen ansiedad, con el fin de
recuperar la seguridad perdida. Un niño puede reaccionar al nacimiento de un
hermano orinándose en la cama y chupándose el pulgar, conductas que
realizaba cuando era un bebé.
A menudo estas defensas se pueden transformar en
bloqueos emocionales desintegradores al convertirse en estrategias rígidas o
desproporcionadas de funcionamiento, con lo cual el proceso defensivo llega a
ser más destructivo e inhabilitante que la amenaza que lo originó. Es el caso de
las respuestas agresivas o temerosas que damos ante estímulos relativamente
neutros o inofensivos que han sido condicionadas por nuestro aprendizaje ante
situaciones anteriores que sí ameritaban una respuesta de esas características
para protegernos.
Los mecanismos adaptativos son el repertorio
de reestructuraciones psicológicas o respuestas conductuales que se deben
realizar para superar las dificultades propias de la vida en sociedad y de las
etapas del ciclo vital que al individuo le corresponde vivir. Pueden ser también
de origen real, imaginario o latente. Son los encargados de asegurar el
bienestar y la “supervivencia” psíquica de los sujetos ante los obstáculos,
dificultades y problemas que se imponen en los escenarios en que se desenvuelve.
Hay ocasiones en que los mecanismos adaptativos
pierden su utilidad y se transforman en dificultades adicionales cuando se
vuelven exagerados, anacrónicos, inflexibles o peligrosos. Por ejemplo, en los
adolescentes es muy común apreciar que el consumo de alcohol y drogas comienza
como una conducta adaptativa para mantenerse vigente y ganar el aprecio al
interior del grupo de amigos. Esta práctica puede rápidamente transformarse en
una adicción con consecuencias perjudiciales para su salud física y mental.
También es común ver en niños, jóvenes y adultos mecanismos de sobreadaptación
en el colegio o en el trabajo que también resultan poco saludables como el
exceso de responsabilidad o el olvidar las necesidades personales.