En una aldea de alguna parte del país, vivía un hombre viejo y
sabio. Tenía ya noventa años de edad y parecía contento y feliz. Y
entonces, alguien le dijo: "Vives una hermosa vida, tan larga..."
El viejo aspiró con fuerza su pipa y contestó: "Tú sólo vives un
día...". Esto era lo que le había enseñado la vida.
Sólo vives un día: ¡HOY! Para vivir de veras, debes vivir hoy.
La vida es corta. Y pasa pronto. Y si no vives hoy habrás perdido el
día.
No ensombrezcas tu espíritu con miedos y preocupaciones por la
mañana.
No cargues tu corazón con toda la miseria del ayer.
Piensa, complacido, en lo bueno del ayer; sueña también con cosas
bellas, que pueden venir mañana.
Pero no te pierdas en el ayer, ni en el mañana.