Durante el segundo y tercer año aparece
algo, que también les sucederá a los adolescentes: el negativismo.
Encuentra el "no" como primera afirmación de su personalidad, y empieza a
usarlo a diestra y siniestra. No es un rebelde obstinado, sino que afirma su
personalidad de modo operativo, sin reflexión consciente. Casi todos los
"no" o "no quiero" son para decir aquí estoy, yo soy, ya me doy cuenta de
lo que me dicen o cómo lo voy a hacer. No nos asustemos de este niño
aparentemente desobediente, rebelde y negativo a esta edad. No hay tal; está
afirmando su personalidad.
A
los 3 años descubre el yo y el tú, el mío y el tuyo, la propiedad. No es un
egoísta; y no debemos llamarle así, pues hay cosas que quedan dentro, sobre
todo cuando se dicen con cierto desagrado.
De pronto descubren el "por qué",
poniéndose pesados a veces a propósito de cualquier cosa. No está pidiendo
explicaciones científicas. Sencillamente pide que le contesten algo,
cualquier cosa. Además, va a aceptar lo que le digamos pues están en esa
edad mágica de aceptar todo lo que le dice el adulto. Contestémosle algo,
con tal de que no sean manipulaciones ni falsedades tontas. Se puede también
decir "no sé, quizás sea por esto o esto... "; no por eso dejamos de
ser ídolos para ellos.
El niño llega al jardín a los 3 años
iniciando el nivel de transición, sin haber superado todavía la etapa del
"no", lo cual es normal aunque le traiga problemas con los compañeros. Pero
la escuela le ayuda a distinguir entre los sueños, las imaginaciones y las
cosas o sucesos reales; distinguir cuándo le cuentan un cuento o le dan algo
real, entre el juego y la realidad.
Es interesante saber que los niños
pequeños se dan cuenta ya, a los 3 ó 4 años, de algunos sentimientos
propios, apareciendo por primera vez la vergüenza; dicen "no tengo miedo
", cuando están muertos de miedo.
La conciencia del yo se clarifica
progresivamente entre los 5 y 9 años
En esta etapa se empieza a distinguir el
mundo interior del mundo exterior. Tiene sueños, imaginaciones y
sentimientos, pero ve que ese mundo interior lo puede manejar. En cambio, ve
que en el mundo exterior hay cosas, personas, seres naturales que no puede
dirigir a su voluntad. El llamado uso de la razón, a partir de los 7 años,
le ayuda a esto; también las personas de su alrededor (padres, profesores)
que le dicen "hay que actuar así", "es una norma para todos...".
Esta distinción entre mundo interior y
mundo externo se va consolidando a través de los juegos competitivos, pues
en ellos se compara con sus iguales, afirma su potencialidad y cualidades; y
por medio de la afición por las colecciones (hacia los 8 años); desea hacer
"su" colección, poniendo su "yo" ahí. Por todo, ello vemos un yo que
comienza a afirmarse.
La auto afirmación ingenua del yo (entre
los 9 y 11 años)
Aumenta este deseo de afirmar el yo, de
ser él o ella misma, pero lo hace de una forma ingenua, como una necesidad
directa de afirmarse, "yo puedo más que tú ",
"yo soy más listo/a...
" Cuando preguntas a un niño "cómo te
llamas", siempre contesta "yo. Juan "; si le preguntas cuántos años
tienes, responde "yo, siete". Antepone siempre el "yo". Pero no son
comparaciones odiosas, ni de vanidad. Es un niño normal que está
afirmándose.
Aunque está bien integrado en el grupo,
pendiente de la reacción de los compañeros, sin embargo no se muestra
independiente respecto de sus padres, acude a ellos para todo.
Esta afirmación del yo se consolida, entre
los 9 y 11 años, con el sentido de responsabilidad, y es el momento de
encargarle cosas, aunque tenga otros fallos. También, a través de la
actividad dentro de la pandilla. El niño siente que entre los adultos "no
pinta nada", no se le toma muy en serio, se le da un beso y se dice "mira
qué guapo/a" (a veces se le exhibe delante de las visitas). Pero en
cambio entre los iguales se va sintiendo con categoría propia. A veces la
pandilla a estas edades ya tiene un matiz anti-adulto; hay "secretos" sólo
conocidos por los miembros de la pandilla, que no se dicen en casa. En todos
los cuentos, leyendas y películas de niños aparecen los famosos "secretos de
pandilla". También hay transgresiones de normas que quedan entre ellos. No
pasa nada grave; esta actitud anti-adulta no es agresiva, sencillamente está
afirmando los derechos frente a los adultos de un modo normal. A veces puede
haber conflicto infantil entre lo que dicen mis padres es lo correcto
y lo que le dicen los amigos acerca de cómo hay que actuar.