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¿Normalidad o anormalidad?
Algunos elementos y técnicas para reconocer manifestaciones
de dificultades especiales

 Jorge Jerez O.

Departamento de Estudios CEIS Orientación y Capacitación

Seminario de Manejo de situaciones conflictivas y relevantes

 

 

       Normalidad y Anormalidad

 

¿Quién de nosotros no se ha topado con algún alumno o apoderado, incluso con compañeros de trabajo que ha cometido excentricidades, que sufre de una depresión que le impide trabajar o estudiar, cuya vida diaria queda afectada por temores irreales u otro tipo de “dificultades” que sus vivencias personales, familiares, sociales, escolares o laborales se resienten o que muestra algún otro signo de lo que se considera conducta anormal?. ¿Quién de nosotros no se ha comportado en algún momento de forma que nos parece extraña a nosotros mismos?.

 

Sin embargo, cualquier cambio de humor, cualquier acción inmoral, cada rareza de personalidad no tienen de por sí un significado importante. ¿Qué es lo que constituye, pues, la conducta anormal?. ¿Cómo la explicamos?, ¿como una trasgresión de la moralidad, un aprendizaje defectuoso, una adaptación ineficaz o un desarrollo alterado?, ¿cuál es la causa?, ¿qué puede hacerse ante ello?.

 

No existe un límite claramente establecido entre lo que es “normal” y lo que es “anormal”. Y por supuesto, normalidad y anormalidad no son conceptos absolutos de “todo o nada”. La mayoría de nosotros reconocemos que muchas personas tienen idiosincrasias que podrían considerarse anormales y aun así pueden seguir llevando una vida relativamente normal, e incluso personas que están tan perturbadas que necesitan ser ingresadas a una institución frecuentemente tienen períodos de conducta normal. Es por eso que es tan difícil calificar una conducta como normal o distorsionada cuando las variables son tantas y tan complejas. Más aún, si nuestro interés es el trabajo educativo con niños y adolescentes en proceso de transición y desarrollo.

 

Un elemento de la conducta anormal es la incapacidad para reconocer la realidad en adolescentes o personas adultas. Escuchar voces inexistentes; ver positivamente cosas que en la realidad no aparecen; sentirse perseguido y con peligro de daño muerte por seres ficticios; etc. En estos casos, hablamos claramente de patologías psiquiátricas muy graves.

 

Otro elemento anormal es su rareza estadística. Es muy raro que un niño de 10 años comience a estar tan preocupado de su imagen corporal que comience a hacer dieta para adelgazar sin estar necesariamente en sobrepeso o bajo un tratamiento dado por un nutricionista. Por supuesto, ser diferente no siempre se considera anormal. Albert Einstein, por ejemplo, mostraba procesos mentales que eran únicos y aun así fue galardonado por esta diferencia. Así pues, para ser considerado anormal, los pensamientos y la conducta poco corrientes de una persona deben considerarse, además, indeseables. En este caso pueden ser considerados anormales incluso si no son raros como en el caso de la depresión clínica, trastorno muy común.

 

Otro criterio posible de considerar es la adaptación o desadaptación en áreas básicas de la vida humana como:

 

a) Adaptación Personal

Un buen indicador de la adaptación personal es la evaluación que hacemos de nuestros estados emocionales y patrones conductuales como estimaciones agradables o desagradables. La egosintonía corresponde al juicio positivo que hacemos de nuestro bienestar personal. Es una evaluación personal que refleja el agrado, cercanía y aceptación de las propias expresiones emocionales y conductuales que desarrollamos habitualmente. La egodistonía en cambio, se refiere a las evaluaciones negativas de nuestro propio sentir y actuar, a la disconformidad con nuestra manera de ser y sobre muchas de las experiencias vitales que vivimos.

 

b) Adaptación Social

La adecuada participación en las relaciones sociales y el uso acertado del repertorio de habilidades sociales personales, es un índice de adaptación significativo a la hora de evaluar la conducta. Un niño o un joven se encuentra adaptado socialmente si es capaz de desenvolverse con soltura en escenarios que impliquen relaciones con otros, como fiestas y reuniones; es capaz de tener amigos íntimos y establecer relaciones de pareja; puede entablar conversaciones armoniosas y sentirse aceptado por sus iguales.

 

c) Adaptación Escolar

Muchos problemas e inconvenientes serios relacionados con las exigencias y responsabilidades propias de la actividad académica y escolar que sufren algunos estudiantes, pueden indicarnos desajustes bastante serios. La fobia escolar por ejemplo, es un trastorno de ansiedad que puede presentarse como generalizado o circunscrito al ámbito escolar. Ello puede acarrear inasistencias reiterativas al colegio e incluso la deserción escolar.

 

 

       Especificaciones de la gravedad

 

Los diferentes diagnósticos que puede efectuar un educador o especialistas de la conducta pueden considerarse como:

 

·        Leve: si son pocos los síntomas significativos. No dan lugar sino a un ligero deterioro de la actividad social o escolar.

·        Moderado: si existen síntomas o deterioro funcional de la actividad social o escolar significativos.

·        Grave: si se detectan varios síntomas que dan lugar a un notable deterioro de la actividad social o escolar.

 

 

       Duración, frecuencia e intensidad

 

Es necesario hacer la distinción entre aquellas dificultades y tensiones propias de la etapa evolutiva, que atraviesan de manera normal niños y adolescentes, y aquellos que podrían conformar un problema o trastorno de categoría mayor. Para las primeras es deseable, como educadores, atender y escuchar con respeto y responsabilidad intentando develar el origen y observar el desarrollo de ellas.

 

Aquellas otras dificultades que pueden sufrir los alumnos y que para el juicio del profesor atento y sensible son anormales en frecuencia, intensidad y duración en el tiempo, es recomendable una evaluación especializada si una conducta o síntoma perturbador es:

 

·        Muy recurrente o de frecuencia sostenida,

·        Se sobre excede como reacción al estímulo o su intensidad es desproporcionada, y

·        Se extiende por más de cuatro semanas en los adolescentes y por más de dos en niños menores de 10 años.


  

 

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