Raúl
Cheix M.
Director CEIS Orientación y Capacitación
Seminario de Manejo de Situaciones Conflictivas
En los
educadores y profesionales externos que trabajan con estudiantes recae la
responsabilidad fundamental de salvaguardar la confidencialidad y mantener
prudencia sobre el manejo que hace con la información que se recibe, ya que
muchas veces se accede a información privilegiada que debe ser de uso
exclusivamente privado.
También es responsabilidad de aquellos que reciben información de manera
privada, corroborar y contrastar las diversas fuentes de información y de
observación que puedan existir para comprobar la veracidad de los hechos y
la gravedad de cada situación. Sin embargo, el límite a la confidencialidad
llega sólo hasta el punto en que está en riesgo inminente el niño o joven o
existe compromiso vital. Las implicancias de esta responsabilidad depende de
la gravedad de cada caso: a mayor gravedad, mayor urgencia debe existir en
la derivación y tratamiento de la situación para que sea oportuna y
educativa.
Es necesario distinguir además entre el tipo de información que se le
reporta al profesional tratante, que no es necesariamente la misma que se da
a la familia, especialmente cuando ella se ve involucrada directamente como
parte del problema. Existen ocasiones en que se debe informar sobre un
alumno algunas apreciaciones educativas relevantes que no son necesariamente
aconsejables que la familia conozca. Por ejemplo, cuando un profesor
sospecha sobre maltratos hacia un niño de parte de uno de sus padres, lo
aconsejable es que se haga cargo de comprobar esa situación el médico o
psicólogo tratante y no el profesor.
Asimismo, es muy importante considerar como criterio saludable, aportarle
información a quien esté habilitado para ayudar, y no a quienes carezcan de
las competencias necesarias o no estén involucrados directamente en la
situación. Es un deber evitar la sobre exposición inútil y contraproducente
de algunos acontecimientos que son privados.
Los educadores habitualmente se ven enfrentados ante la situación de
estudiantes que por confianza y necesidad de verbalizar lo que viven y
sienten, acuden a al profesor que estiman y ven cercano. Hay que ser muy
cuidadoso en dilucidar falsas expectativas que se le pueden atribuir al
alumno, de tener que entregar respuestas eficaces e inmediatas, peor aún
cuando no se poseen las competencias profesionales para intervenir. A veces
los estudiantes sólo quieren compartir sus dificultades y problemas para
sentirse acompañados.
El profesor debe asumir su condición de profesional de la educación que lo
transforma automáticamente en un mediador de los conflictos que escapan a
sus competencias y no un interventor que pueda hacerse cargo de todas las
demandas que tienen los estudiantes. La posición que asume el educador en
cada caso debe ser escogida con prudencia y reconociendo las limitaciones
personales para abordar algunos temas.