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Institucionalización
de la Orientación Educacional
Hno. Gilberto
Poza Arce
Orientador
La entrada de la Orientación
en la Escuela no ha sido tarea fácil para aquélla; pero no
es este el lugar para hacer una historia pormenorizada de esta
especialidad que, como ciencia aplicada, cabalga con un pie a
lomo de la Pedagogía y con otro en la Psicología. El hecho
concreto es que la Orientación accedió a ser Orientación
Educacional, sistematizando sus contenidos y definiendo sus
límites, a la par que lo hacían otras Ciencias de la
Educación. Le tomó su tiempo para perfilar sus métodos de
investigación e ir creando sus técnicas de diagnóstico, de
tratamiento, de consejo y ajuste, etc.
Todo ello ha favorecido la
sectorización y que la presencia de la Orientación
Educacional haya adoptado múltiples formas, haya sobrevivido
y continúe extendiéndose en los establecimientos
educacionales.
Concretándonos a nuestro
país, la historia de esta heroica lucha por la supervivencia
puede resumirse en esta frase lapidaria:
"De una Orientación sin
Orientador a un Orientador sin Orientación"
Esta afirmación, en su
primera parte, dice mucho más a favor de la Orientación que
del Orientador. Apareció en nuestros colegios y
"preexistió", como han existido otras profesiones,
como una respuesta a las necesidades del hombre que exigía
luces nuevas, para enfrentarse a situaciones nuevas.
Así, la Orientación de la
1ª parte del presente siglo fue... "una Orientación sin
Orientador"... una respuesta pura para una necesidad
pura, pero una respuesta desde la posición generalista, de la
que hablamos antes.
- "Orientación sin
Orientador"... porque no existía, en ningún
Instituto de Formación de Profesores, otro educador que
el Profesor de Asignatura.
- Orientación cuyos
contenidos, tareas y métodos confunden sus límites, con
los límites de una "buena educación".
- Orientación
indiferenciada, apoyada más en los métodos de las
ciencias pedagógicas que en los propios métodos de la
Orientación.
- Orientación, con una
existencia legal, que consagraba definitivamente su
presencia en la Escuela y le asigna, como tarea, un anhelo
de la sociedad.
Es, en este anhelo de la
sociedad y en el ansia de autorrealización personal del
alumno, donde radica la supervivencia heroica de la
Orientación, su germen de inmortalidad y su afán de
proyectarse en el tiempo.
Desde esta supervivencia ha
soportado la Orientación todas las embestidas y ha fomentado
todos los entusiasmos en sus cultores y fueron ellos los que
hicieron el camino de la Orientación allí donde no existía,
los que la llevaron más allá del tiempo y del espacio
aproximándola al hombre a quien servían.
Pero si esto nos llena de
orgullo a los Orientadores, esto mismo nos hace temblar ante
la 2ª parte de la frase lapidaria..." a un Orientador
sin Orientación".
Es esta porción de verdad de
la 2ª parte la que nos duele, y es un dolor de lo que
nosotros somos, Orientación:
- Duele que aquella
Orientación que, en la segunda parte del siglo, apareció
en los Institutos Pedagógicos como Postítulo de
Orientación, con unos mil doscientos profesionales en el
país hoy, se haya quedado en eso.
- Duele que haya
Instituciones de formación de Profesionales de
Orientación que desprofesionalicen la Orientación, ya
impidiendo la sectorización o fomentando enfoques
generalistas, o que la ofrezcan en rebajas, ventas de
ocasión, en cursos a distancia o cursos de temporada.
¿Servirían las Escuelas de Medicina con un curso de
Cirugía por correspondencia?
- Duele que nosotros, los
mismos Orientadores, no hayamos buscado con más
imaginación cauces para sectorizar los servicios que nos
llevarían a una rápida especialización.
- Duele que nuestra audacia
no pase, en la línea de la investigación, de un repetir
modelos de macroinvestigación costosísimos y poco
aplicables a nuestras realidades, cuando todos los
esfuerzos mundiales se centran en la integración de
mini-informaciones a nivel de aula.
- Duele que el Orientador
siga solitario en los establecimientos educacionales,
luchando contra los molinos de viento de las drogas, de
las campañas sociales, de atenciones clínicas que
debiera remitir a especialistas o desmayar agobiado por
invasiones de masas de 500 o más alumnos que los
anonadan.
- Duele que el Orientador
más allá de bonitas declaraciones o biensonantes
palabras, no descubra que él es el animador nato del
proceso de la Orientación en los tres niveles en los que
ha de existir la Orientación en todo establecimiento
educacional.
- A nivel del Departamento
de Orientación, como modelador del equipo de Orientación
debe coordinar y animar el Proyecto Orientador del
Colegio.
- A nivel de Tutorías o
Profesores Jefes, con su plan respectivo para cada curso y
nivel.
- A nivel de las
especialidades, con su proyección a través de las U.T.P.
y de los Departamentos de Asignaturas y/o sectores.
Finalmente, el desarrollo que
la Orientación Educacional ha alcanzado hoy, establece un
claro desnivel en relación con las posibilidades de un
Profesor de Especialidad aisladamente considerado, cuya
preparación educacional suele reducirse, explicablemente, a
un conocimiento más o menos empírico del alumno, unido a la
buena disposición propia de profesional responsable.
No obstante lo anterior,
vemos que la presencia del servicio de Orientación en un
centro no implican ni la inhibición, ni la separación de
estas tareas por parte del Profesorado, sino solamente una
mayor articulación de funciones, tareas y personas entre las
cuales el Profesor ocupará un lugar preferente en busca de
una mayor eficacia en este cometido de ayuda al alumno,
especialmente el Tutor o Profesor Jefe.
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