En una aldea vivían cinco ciegos. Uno de ellos
era grueso, otro pequeño, una era alto, el otro era delgado y el último
usaba barba.
Un día llegaron a la ladea unos feriantes,
que para su espectáculo llevaban un elefante.
Los cinco ciegos estaban intrigados. ¿Qué
podía ser un elefante? Dicen que es un animal, pero ¿cómo será? ¿De qué
animal se tratará, entonces? Ellos no podían imaginar que tan extraña
criatura acompañaba a los feriantes. Para salir de dudas, decidieron
visitarles y les pidieron permiso para tocar al animal. Los feriantes,
enternecidos, no tuvieron problema y pronto vieron como los ciegos se
acercaban a la bestia.
Uno de ellos se acercó y le tocó la trompa.
El otro un colmillo. El tercero una oreja, el cuarto una pata y, el último,
por fin, le tocó la cola.
Los cinco ciegos estaban contentos. Ya
sabían lo que era un elefante. De regreso a su casa, por el camino, se
pusieron a comentar la experiencia.
El grueso dijo: "efectivamente, el
elefante tiene patas. ¡Y qué patas más grandes! Casi se puede decir que son
una inmensa columna".
¡Una columna! ¡No me hagas reir!, dijo el
que había agarrado una oreja. Yo mismo lo he experimentado. Es grande y
llano, como las hojas de un platanero.
Es gracioso -dijo el que usaba barba- que
había tomado con su mano la trompa. El elefante se asemeja a una larga y muy
gruesa sanguijuela. Yo lo he comprobado.
¿Flexible? ¡Tú no estás bien de la
cabeza! El elefante es fuerte y liso como el yugo para transportar cestas
-pensó el pequeño que había tocado el colmillo-.
Esto es absurdo, ¡ustedes son unos necios!
-dijo el delgado que había tocado la cola. El elefante es como una escoba que
está fija a un cordón.
Y como no tenían ningún elemento parecido
en su experiencia, cada uno se mantenía en su apreciación, y pronto se
enfrascaron en una verdadera pelea....