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La atención en clases, primer paso del estudio efectivo y eficiente

Raúl Cheix
Director CEIS Orientación y Capacitación
Seminario de Hábitos y Técnicas de Estudio

Escuchar en clase es una actividad que lleva su tiempo. Estamos convencidos que la capacidad de escuchar puede ser aumentada como cualquier otra capacidad. La principal ventaja de aprender a escuchar radica en que el estudiante desarrolla su capacidad de comprender y retener lo que se enseña en clase, ahorrando tiempo de estudio en el hogar.

Los problemas que surgen cuando uno intenta escuchar son similares a los que se presentan cuando leemos un capítulo del texto de estudio: nuestra atención se desvía. Se producen enormes “blancos”donde ensueños y fantasías pululan. De repente se nos hace imposible recordar muchas de las cosas que se dijeron en clase.

Escuchar exige un esfuerzo de atención especial: el pensamiento es muchísimo más rápido que el ritmo normal de 125 palabras por minuto que emite el que habla. Es decir hay “espacio” para que asociaciones y pensamientos circunstanciales se apoderen fácilmente de nuestra atención y nos aparten de la intención de escuchar.

Es necesario adquirir entonces nuevos hábitos para escuchar en clase. Al igual que con la lectura, es bueno considerar los siguientes pasos: preparación; indagación; escucha activa; evaluación.

La atención tiene un carácter eminentemente selectivo, centrándose en unos aspectos que ocupan el primer plano, quedando el resto ignorando o como en penumbra. En realidad, la atención no es sino “el aspecto selectivo de la percepción”.

La claridad es consecuencia lógica de la selectividad, ya que al centrar la atención sobre su estímulo concreto, aumentan la nitidez y la fuerza de captación. Finalmente, la limitación es una característica determinante de la atención , ya que tanto la experiencia común como los trabajos de laboratorio han demostrado que no es posible atender a varias cosas de modo simultáneo.

Una vez hechas estas necesarias consideraciones sobre las características de la atención, medita sobre esta definición descriptiva: “La atención es el proceso por el que centramos de forma selectiva la percepción sobre un estímulo, que pasa al primer plano de la mente, mientras que los demás quedan ignorados, fuera del campo atencional”. La atención puede ser: espontánea, cuando no hay esfuerzo alguno por parte del sujeto y es el estímulo quien provoca directamente el acto atencional: un timbrazo, una expolosión, un color llamativo o cualquier novedad que nos atraiga por sí misma. Voluntaria, si depende de un esfuerzo, de un acto consciente buscado y deseando por el sujeto y, por tanto, mediante una participación activa y selectiva. Hay que elegir un estímulo en detrimento de los restantes. Este tipo de atención es la que precisa el trabajo intelectual.

  • Propiedades de una atención efectiva

Para que la atención resulte positiva debe tener: concentración: es la propiedad más destacada y ha caracterizado a las mentes más lúcidas. Supone estar inmerso física, psíquica y mentalmente en el tema, idea u objeto atencional con exclusión absoluta de todo lo demás.

Si deseas concentrarte bien, aíslate y abstráete por completo de los estímulos que te rodean para vivir, sentir y aplicar tu mente a los contenidos objeto del estudio de forma exclusiva e intensa.

Campo reducido, ya hemos indicado su carácter limitado y aunque es posible la atención llamada “compartida”, como conducir un coche y conversar al mismo tiempo, cuando se da un proceso automático (conducir) y otro consciente (hablar, dialogar), sin embargo es imposible la ejecución consciente de dos o más tareas. Si automatizamos una, podemos realizarla mientras ejecutamos otra de manera consciente, pero la extensión continúa siendo reducida.

Constancia y firmeza, para lograr el hábito de la fijeza y profundidad que requiere la atención, el estudiante debe ser constante y hábil en apartar de su mente todos los estímulos que puedan interferir en la concentración o que no guarden relación con el objeto central del estudio.

Capacidad de adaptación: significa poder pasar nuestra atención de unos objetos a otros, con fluidez, sin brusquedad y sin perder el necesario grado de concentración y profundidad, durante el breve proceso de acomodación al nuevo tema sobre el que centrar nuestra mente.

Motivación: es imprescindible para una atención efectiva que el sujeto esté motivado, interesado, dispuesto. La atención motivada facilita la concentración en el estudio y permite que toda la energía psíquica del sujeto se concentre en la consecución de los objetivos que se ha propuesto, evitando la dispersión del esfuerzo, facilitando la comprensión y asimilación de los contenidos. El estudiante que se habitúa al ejercicio de la atención recibe como premio una gran confianza en sí mismo, unos mayores deseos de superación; su inteligencia se hace más clara y precisa y, en consecuencia, el mejor rendimiento, no se hace esperar.
 

  • El interés como impulso

En el ámbito del conocimiento o del estudio, el interés es una combinación de fuerza, atracción y deseo que impele al estudiante a la actividad intelectual de forma poderosa, casi irresistible. Es comparable en lo fisiológico al hambre y a la sed. Quien está realmente interesado por un tema no descansa hasta conocerlo profundamente y dominarlo. Hay factores que contribuyen a que el interés y la curiosidad se desarrollen en el estudiante. Entre los principales podemos contar:

  • Un ambiente familiar rico en incentivos, vivencias y experiencias de tipo cultural, donde se lea y se siga con atención el proceso escolar del niño, es evidente que contribuirá a despertar y consolidar intereses intelectuales.
  • El ámbito de la ciudad ofrece más estímulos culturales que un ambiente rural. Bibliotecas, espectáculos.. son incentivos que estimularán la inquietud cultural.
  • El profesor es clave en el despertar de los intereses; su simpatía personal hará posible que la atracción afectiva de sus alumnos se desplace de la persona al objeto enseñado.

La madurez personal del educador también pesa, ya que se educa más por lo que es que por lo que hace o dice. Una exposición amena y cálida hace posible la participación confiada y el diálogo sobre el tema.

  • Objetivo Primordial

El niño por naturaleza es curioso, está abierto a conocer y descubrir todo lo que suponga una novedad para él. La curiosidad acompaña al ser humano durante toda la vida y debe ser objetivo curiosidad de los educadores fomentar continuamente la curiosidad natural de todos los estudiantes. Para lograrlo, la escuela y la familia deben tener en cuenta los siguientes supuestos:

  • Potenciar la capacidad de interés partiendo siempre de lo que  más suscita la curiosidad.
  • Ponerle en contacto con los bienes educativos que son potadores de auténticos valores.
  • Ampliar el círculo de sus intereses. Que sepan aceptar los valores, con actitud receptiva.
  • Entender el interés no sólo como punto de partida, sino como uno de los objetivos a los que debe tender toda formación intelectual

Si se cumple esta premisa, el alumno, necesariamente, tiene que encontrarse a gusto y feliz en su clase gracias al profesor que, de forma inteligente, hace que sus clase transcurran en un clima natural y relajado.

 
 

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