La relación consigo mismo le permite descubrir y tomar conciencia de quién
es y de la dignidad que le es propia. Para el ser humano, la existencia se
presenta como un itinerario de esperanza para explorar y desarrollar todas sus
potencialidades. Pero también, es ocasión para reconocer las propias
limitaciones personales y proyectarse positivamente hacia lo que quiere llegar
a ser. Este ámbito constitutivo de la persona, le permite llegar a la
integración personal armonizando autoconcepto, autoimagen, autoestima,
aceptación positiva de sí mismo y autovaloración.
La relación de la educación consigo mismo implica un proceso progresivo y
sistemático de autodescrubrimiento en todas sus características, aptitudes,
intereses y limitaciones. Cada etapa del ciclo escolar está constituida por
una serie de desafíos formativos que implican aprendizajes específicos.
Desde esta perspectiva, encuentran sentido la diversidad de ámbitos de
aprendizaje que propone la formación y las actitudes de autosuperación,
constancia, autodisciplina, capacidad de organización, ejercicio de la
libertad y de la responsabilidad.
La relación con la trascendencia surge de la búsqueda de respuesta a las
interrogantes fundamentales de la existencia y que le llevan a superar la
autorreferencia o el volcarse sobre sí mismo. En su dimensión espiritual se
reconoce como criatura de Dios y que su forma de ser y estar en el mundo le
hace diferente a las demás criaturas. Jesucristo se le presenta como modelo y
en el Evangelio encuentra una propuesta de sentido respecto del hombre, el
mundo y la historia.
La relación de la educación con la trascendencia es un campo de acción
natural y propio. El acompañamiento que la educación está llamada a hacer
en el ámbito religioso, espiritual y valórico nace de la búsqueda de
sentido y de respuestas a las interrogantes profundas de la existencia. Este
deber ser se hace efectivo en el Proyecto Educativo Institucional que se hace
creíble en el quehacer de cada día. Los sectores y subsectores de
aprendizaje, las formas de organización, las instancias de participación y
las actividades que se realizan dan cuenta de lo que se quiere ofrecer a la
persona que se educa.
La relación con los otros deja de manifiesto que la persona está llamada a
la comunión con los demás y a establecer relaciones constructivas con las
personas con quienes comparte la existencia. Proponemos como actitudes
básicas en el desarrollo de la persona la tolerancia, la responsabilidad, la
participación, la integración, la cooperación y ayuda mutua. La
adquisición y desarrollo de las habilidades sociales para la convivencia,
supone la autenticidad y el respeto por las características propias y por las
originalidades de los demás.
La relación de la educación con los otros presenta en la dinámica habitual
de la vida escolar oportunidades particularmente relevantes y significativas.
La integración y la convivencia con los pares es una realidad permanente en
la dinámica del colegio. La asunción de responsabilidades y el ejercicio de
roles se vivencian en múltiples circunstancias de la vida de los cursos y
grupos escolares. De esta manera, el aprendizaje de las habilidades sociales
que ofrece el colegio viene a ser un complemento adecuado a la sociabilidad
que se desarrolla al interior de la vida familiar y de los grupos de
pertenencia de la persona del alumno.
La relación con el mundo es otro aspecto que contempla la visión de la
persona que inspira nuestra propuesta. El hombre está llamado a administrar
la creación y constituirse en agente de cambio bajo la inspiración del
Evangelio. La relación con el entorno la establece a partir de la conciencia
del mundo como obra inacabada. Desde esta perspectiva, adquiere valor y
sentido el estudio, el trabajo y el esfuerzo de autosuperación. De la misma
manera, le hace responsable de los dones recibidos y puestos a su disposición
a fin de autorrealizarse y hacer un aporte generoso en la construcción de una
sociedad honesta, justa, fraterna y solidaria.
La relación de la educación con el mundo es un vínculo particularmente
significativo. Por una parte, lo encontramos en el aporte formativo de cada
uno de los sectores y subsectores de aprendizaje, como ventanas a través de
las cuales la persona puede ampliar la mirada respecto de la propia realidad
inmediata. Por otra, la educación aporta una visión de futuro y de
compromiso al tener como horizonte la formación de un ser humano comprometido
en la construcción del mundo. La dimensión de esperanza, el sentido de la
obra inacabada y de la preparación para hacer un aporte transformador de la
realidad encuentra en la tarea educativa un espacio de acción muy relevante.