Raúl Cheix M.
Director CEIS Orientación y Capacitación
Seminario de Consejo de Curso
Educar para la democracia
Las personas nos relacionamos con los otros de tal manera, que es imposible
que no nos influenciemos mutuamente. Por ejemplo, es notoria la diferencia
de un niño educado en una familia en la que se acostumbra a reaccionar con
violencia a un niño en donde las relaciones familiares son armónicas. Lo más
probable es que los aprendizajes adquiridos por estos niños en sus
respectivas familias los transfieran a un código de comportamiento para
relacionarse en otros ámbitos, como el colegio.
Es imprescindible revisar en forma permanente y si es necesario modificar
las formas que tenemos de relacionarnos en los distintos ámbitos de
encuentro con el otro: en el colegio, en el trabajo, en la familia, en el
barrio, en el grupo de amigos, etc. Es recomendable mantener una mirada
atenta a nuestras formas de vincularnos, sobre todo hacia aquellas que por
costumbre nos parecen normales, como por ejemplo las actitudes autoritarias,
la intolerancia, la falta de diálogo, etc. Nuestras formas de relación con
el otro van creando una red de hábitos de convivencia armoniosos o una de
relaciones descalificatorias, injustas, egoístas o autoritarias.
En cada colegio existe un estilo de convivencia social, pues la educación se
desarrolla en el contexto de una relación entre adultos, niños o jóvenes.
Debido a la gran cantidad de tiempo que las personas permanecen dentro del
sistema educacional, es inevitable la influencia de unos sobre los otros.
Esto genera una red de relaciones que determinan una manera específica de
convivir y que tiende a reproducirse en otros ámbitos y a proyectarse a la
vida adulta.
Si nuestro deseo como sociedad es la democracia en las relaciones humanas,
la justicia, la participación, la solidaridad, el respeto por los derechos
humanos; sin duda alguna que el colegio, en coherencia con la familia, algo
tiene que decir y hacer en cuanto a los valores, actitudes y competencias
requeridas para una sana convivencia social que promueva el desarrollo
humano y una cultura democrática.
El colegio debe tomar conciencia acerca del tipo de valores y prácticas de
convivencia social que promueve y velar porque sean coherentes con los
principios de convivencia que queremos como sociedad.
Es imprescindible en una escuela que promueve una cultura democrática y que
pretende que ésta se proyecte externamente, hacer una revisión de las formas
de participación de los alumnos. Si queremos una sociedad democrática y
pretendemos que se fortalezca en el tiempo, necesitamos ciudadanos
democráticos que se integren crítica y constructivamente a ésta. El colegio
tiene una responsabilidad ineludible en la formación de la cultura
democrática a través de la progresiva y paulatina educación de los alumnos;
una educación que debiera propiciar más la práctica de valores y actitudes y
la adquisición de las competencias necesarias en lo cotidiano de la vida
escolar, que solamente contentarse con teorizar sobre el asunto y/o dar un
espacio de una hora de clase en la distribución horaria de la semana.