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Un estudio sobre
el autoconcepto y los estilos de vida
en la adolescencia media (1º parte)
Isabel
Balaguer
Yolanda Pastor
Introducción
Durante el periodo de la adolescencia
caracterizado por profundos cambios biológicos y físicos, por avances en el
desarrollo cognitivo y por un conjunto de expectativas sociales cambiantes,
los jóvenes van a tener que tomar una serie de decisiones conductuales que
va a afectar su salud tanto a corto como a largo plazo. Son momentos en los
que los adolescentes van a encontrarse con nuevas situaciones que les
ofrecerán la posibilidad de tomar bebidas alcohólicas, de fumar, de consumir
drogas no institucionalizadas, así como de llevar a cabo otras conductas de
riesgo tales como tener relaciones sexuales o conducir o ir de pasajero en
la moto. También durante este periodo la alimentación y el estar físicamente
activos pueden experimentar cambios que pueden afectar la salud de los
adolescentes.
En algunos estudios llevados a cabo en diferentes países europeos se ha
visto que estas conductas relacionadas con la salud suelen darse de forma
relacionada, esto es, los jóvenes que beben suelen fumar, consumir drogas,
tener una alimentación poco saludable y no estar físicamente activos. Por
otra parte, se observa que aquellos jóvenes que están físicamente activos
suelen cuidar más su alimentación, y suelen utilizar protección en las
conductas de riesgo. La primera agrupación está formada por conductas que
ponen en riesgo la salud, mientras que la segunda está constituida por
conductas que la protegen (véase Pastor, Balaguer, & García Merita, 2001).
Aunque los profundos cambios sociales acontecidos durante las ultimas
décadas han llevado a que los niños actuales entren en la adolescencia antes
de lo que lo hacían sus padres o sus abuelos - en torno a los 9 o 10 años -
y que salgan de la misma más tarde – bastante después de los 21 años- (Coleman
& Hendry, 1999, p. 8), se siguen considerando tres momentos claves en el
transcurso de la misma: la adolescencia temprana hasta los 14 años, la
adolescencia media hasta los 17 años y la adolescencia tardía que
finalizaría en torno a los 20 años (Elliot & Feldman, 1990).
La experimentación con las conductas no saludables suele iniciarse en la
adolescencia temprana, incrementándose en la adolescencia media (Balaguer,
Pastor, & Moreno, 1999; Pastor, Balaguer & García-Merita, en prensa) y
alcanzando su pico en la adolescencia tardía (Halperin, Bass, Mehta, & Betts,
1983; Kandel & Logan, 1984). En lo referente a las conductas protectoras de
salud como la practica de actividad física la situación es diferente,
mientras que durante la primera adolescencia los adolescentes suelen estar
activos, principalmente los chicos, es al final de esta etapa cuando empieza
a producirse un abandono de la práctica (Balaguer, 2000).
El hecho de que los adolescentes se inicien y se mantengan en un tipo
determinado de estilo de vida viene condicionado por diversos factores
sociales entre los que vamos a destacar, los factores culturales, los
factores institucionales, la escuela, la familia y los grupos de pares. De
la dinámica entre estos factores los adolescentes elaborarán su estructura
cognitiva con unos valores, creencias y actitudes que les permitirán
afrontar con mayor o menor éxito su experimentación con conductas de riesgo
y con conductas de protección de la salud. Una de las variables
psicosociales que durante muchos años ha venido mostrando su influencia en
la toma de decisiones conductuales ha sido el autoconcepto. El estudio de la
relación entre el autoconcepto las conductas de salud se inició en torno a
los años setenta. Precisamente después de las publicaciones de Fitts (1972)
y Burns (1979) se llevaron a cabo varios trabajos en los que se analizaron
las relaciones del autoconcepto con conductas de salud tales como consumo de
tabaco, alcohol y otras drogas no institucionalizadas y más tarde con
conductas protectoras de salud. Los resultados obtenidos fueron
contradictorios. Las críticas sobre las primeras investigaciones se
centraron fundamentalmente en la falta de clarificación conceptual del
autococnepto y en ocasiones en la falta de rigor metodológico (Schroeder,
Laflin, & Weiss, 1993).
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Hasta la década de los
noventa las investigaciones que mostraban tales incongruencias utilizaban
principalmente instrumentos provenientes de modelos unidimensionales del
autoconcepto o de la utilización de la autoestima global. En contrapartida,
al enfoque unidimensional, es el enfoque multidimensional es el que está
recibiendo mayor apoyo actualmente en la investigación (Byrne, 1996; Marsh,
2001). La utilización de la autoestima para predecir el comportamiento
también ha recibido su crítica, especialmente se le ha acusado de ser una
medida muy general sobre el self y que en consecuencia enmascara las
percepciones que tienen los adolescentes de los diferentes dominios con los
que interactúan. Puede suceder que dos adolescentes presenten diferente
perfil multidimensional y que sin embargo en su evaluación de la autoestima
obtengan la misma puntuación. Concretamente puede suceder que la competencia
social del primero sea alta y la competencia escolar baja; mientras que en
el segundo puede darse justo lo contrario, alta competencia escolar y baja
competencia social. Esta forma de autopercibirse en los diferentes dominios
va a tener diferentes implicaciones para su conducta, y es precisamente el
enfoque multidimensional el que puede ofrecernos una información más
específica que lo que puede hacer la autoestima global.
El marco teórico en el que nos vamos a centrar es el estudio del desarrollo
del self elaborado por Susan Harter (1999). Para Harter el self es tanto una
construcción cognitiva como una construcción social. Basándose en tres
enfoques diferentes, las aportaciones de W. James, las de los
interaccionistas simbólicos y las de la orientación cognitiva, considera que
el self se desarrolla a lo largo de la vida del individuo. Durante la
adolescencia media y al final de la niñez es posible diferenciar entre
Competencia Académica, Competencia Deportiva, Apariencia Física, Aceptación
Social (pares), Conducta y Autovalía Global. En el periodo posterior de la
adolescencia añade Competencia en el Trabajo, Amistad Íntima, Relaciones
Románticas y cambia la denominación de la escala de Conducta por
Conducta/moralidad, apareciendo también el factor global de Autovalía (Harter,
1999). Para Harter es importante la distinción realizada por W. James (1890,
1892) entre el "yo" (el self como sujeto, agente, conocedor), el que actúa
en cada uno de estos dominios y el "mi" (el self como objeto de
conocimiento) como la percepción de competencia o adecuación que tiene el
sujeto en cada uno de ellos. Por otra parte, toma las formulaciones de los
interaccionistas simbólicos (Baldwin, 1897, Cooley, 1902; Mead, 1934) para
enfatizar cómo actúan los procesos interactivos configurando el desarrollo
del self.
En la conjunción del autoconcepto con un enfoque motivacional Harter utiliza
un enfoque de "self-enhancement" considerando que la gente está motivada a
actuar en las áreas en las que es probable que experimente sentimientos
positivos de competencia y estima. Lo contrario también será cierto,
mostrando baja motivación hacia actividades que se desarrollan en áreas en
las que no se siente competente.
Entre los pocos trabajos que han analizado el autoconcepto utilizando el
modelo multidimensional de Harter, relacionándolo con conductas de salud,
vamos a comentar el de Dolcini y Adler (1994) y el de Balaguer (1998). El
primero realiza una investigación con una muestra de adolescentes con una
edad media de 13.4 años y analiza las relaciones entre la autopercepción (SPPC),
grupo de afiliación de pares y conductas de riesgo utilizando la regresión
logística jerárquica. Los resultados de su estudio indican que los dominios
del autoconcepto se relacionan directa e indirectamente con el consumo de
sustancias (tabaco y alcohol, pero no drogas ilegales). Dos de los dominios
entraron como predictores directos del consumo de sustancias: Aceptación
Social y Conducta, la primera en positivo y la segunda en negativo. El
segundo (Balaguer, 1998) analiza las relaciones entre las autopercepciones (SPPC)
y las conductas de consumo de alcohol y tabaco (HBSC) en una muestra de
adolescentes valencianos entre 11 y 15 años utilizando la regresión
jerárquica.
La Aceptación Social predecía mayor frecuencia de consumo de cerveza para
ambos sexos. En el grupo de las chicas, la Competencia conductual y la
Autovalía Global predecían en sentido negativo el consumo de cerveza. En
cuanto al consumo de tabaco, la Conducta aparece negativamente relacionada
con la frecuencia de consumo en ambos sexos. También la Aceptación Social se
asocia positivamente al consumo de tabaco en grupo de las chicas.
Dentro de este marco y teniendo en cuenta los resultados de las dos
investigaciones anteriores (Dolcini y Adler, 1994; Balaguer, 1998)
realizados en la adolescencia temprana, el objetivo que perseguimos en este
trabajo es analizar las relaciones que se establecen entre los diferentes
dominios de autopercepción que introduce Harter y las conductas clásicas de
estilos de vida en una muestra de adolescentes de la Comunidad Valenciana de
edades comprendidas entre los 15 y los 18 años.  |
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