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¿Por qué tener normas de convivencia?

Raúl Cheix M.
Director CEIS Orientación y Capacitación
Seminario de Normativa de la convivencia

La disciplina escolar no es un problema en sí misma. Sí es un problema cuando es mala, cuando no existe o cuando es percibida negativamente por los distintos partícipes de la comunidad educativa.

La disciplina escolar se caracteriza por su funcionalidad e instrumentalidad. Su presencia se justifica por el aporte al buen funcionamiento del clima de convivencia en el aula y por contribuir a una dinámica positiva en el colegio en general. El término instrumentalidad le atribuye a la disciplina un carácter de "medio" para lograr el orden necesario para funcionar.

La disciplina escolar es el conjunto de medios que utiliza el colegio para conseguir la conducta ordenada de los alumnos en el trabajo y actividades escolares y que le ayudan a desarrollar la responsabilidad, el autodominio y autocontrol personal, así como los hábitos de participación, cooperación, convivencia y solidaridad.         

Todas las corrientes pedagógicas afirman que la disciplina es un medio para conseguir objetivos a corto y largo plazo en orden al desarrollo personal, desde el punto de vista intelectual, social, cívico y moral.

Reduccionismo explicativo de la indisciplina. La indisciplina en las salas de clases no es un tema fácil ni se resuelve con recetas mágicas. Pero tampoco es menos cierto que hay quienes reclaman una vuelta a lo “clásico”, a la educación del silencio total y de la obediencia continua. Esta forma de pensamiento está ligada a un reduccionismo que impide un planteamiento riguroso sobre esta temática. Éste consiste en atribuir las causas de la indisciplina a circunstancias ajenas al colegio y a la labor del profesor. Así las causas de la indisciplina estas personas las atribuyen a situaciones como:

 

·         El medio educativo familiar de origen: familias desestructuradas, marginación social y económica, etc. Suele ser la principal causa que alega el profesorado.

·         La personalidad del alumno: alumnado catalogado como difícil, inestable, provocador, anormal, etc.

·         La deficiente formación que trae el alumnado de las etapas anteriores. En media, echarle la culpa de esa mala formación al profesorado de básica; en básica a los de transición; en la Universidad, a los de media.

 

Es necesario cuestionar esta práctica y forma de pensar y abordar todas las variables, también las escolares, no sólo para poder comprender de forma más cabal el fenómeno de la indisciplina sino también para revisar constantemente nuestras formas de actuar. Muy especialmente nos estamos refiriendo a:

 

·         El contexto organizativo del colegio y del aula.

·         Las estrategias metodológicas que se usan en las clases.

·         El sistema de relaciones que utiliza e incentiva el profesorado, tanto en las relaciones entre sí, en las relaciones con el alumnado y de éstos entre sí.

 

“Ser profesor no es sólo cuestión de poseer un cuerpo de conocimientos y capacidad de control de un aula. Eso se podría hacer con una computadora y un bastón. Para ser profesor es igual de importante la capacidad de establecer relaciones humanas con las personas a las que se enseña"

Objetivos a corto plazo.

·         Establecer el orden imprescindible que haga posible las tareas de aprendizaje. Una función básica del colegio consiste en establecer las condiciones adecuadas que permitan que los alumnos aprendan. El orden no puede ir contra la actividad propia de los alumnos. Actividad no sólo física, sino intelectual (exploración del medio, aprender por medio de la investigación, solución de problemas, etc.) y social.

·         Adquirir una serie de hábitos sociales apropiados al nivel de desarrollo del escolar como limpieza, puntualidad, correcto trato a los demás, etc.

·         Usar de modo adecuado el material escolar en términos de equipamiento, dependencias, espacios abiertos, objetos de uso personal y común.

Objetivos a largo plazo.

Son indudablemente los más importantes y los que determinan la eficacia de un sistema disciplinar.

 

  • Desarrollar la responsabilidad personal. La responsabilidad constituye la base consciente del actuar de la persona. Implica la capacidad de aceptación consciente de las propias decisiones. Esta responsabilidad sólo es posible cuando se actúa libremente y sin coacciones. Por tanto, la responsabilidad no se adquiere si no es ejercitándola. El colegio debe propiciar situaciones escolares en las que los alumnos, de acuerdo con su nivel de madurez, tomen sus propias decisiones.
  • Desarrollar el autocontrol, autodominio o autodisciplina. La aceptación voluntaria de la disciplina proporciona al alumno el dominio de sí mismo y le conduce a la liberación del yo egocéntrico. Es claro, sin embargo, que el autodominio o autodisciplina no tiene valor por sí misma. Es, por el contrario, un medio que capacita para la acción y prepara para las oportunidades vitales futuras y para el servicio a los demás.
  • Permitir y fomentar los hábitos de participación y cooperación.  La autonomía progresiva de los escolares es anhelada por todos los educadores. El proceso de socialización del niño se inicia con el  “egocentrismo inconsciente y espontáneo”, hasta la aparición de la ética de la solidaridad y de la reciprocidad.
  • Adquirir los hábitos sociales de la convivencia y la solidaridad. Como resultado de las relaciones de cooperación, la educación debe fomentar el hábito de convivir, de participar de la vida y en la vida de los demás.
  • Desarrollar hábitos de trabajo y de estudio. También es función de una auténtica disciplina desarrollar hábitos de trabajo adecuados: constancia, amor a la obra bien hecha, elaborar planes y establecer los medios más apropiados para cumplirlos, etc.

   

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