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Estilos de
aprendizaje de Kolb
El modelo de estilos de
aprendizaje elaborado por Kolb supone que para aprender algo
debemos trabajar o procesar la información que recibimos.
Kolb dice que, por un lado, podemos partir:
a) de una experiencia directa
y concreta: alumno activo.
b) o bien de una experiencia abstracta, que es la que tenemos
cuando leemos acerca de algo o cuando alguien nos lo cuenta:
alumno teórico.
Las experiencias que
tengamos, concretas o abstractas, se transforman en
conocimiento cuando las elaboramos de alguna de estas dos
formas:
a) reflexionando y pensando
sobre ellas: alumno reflexivo.
b) experimentando de forma activa con la información
recibida: alumno pragmático.
Según el modelo de Kolb un
aprendizaje óptimo es el resultado de trabajar la
información en cuatro fases [5]:

En la práctica, la mayoría
de nosotros tendemos a especializarnos en una, o como mucho
dos, de esas cuatro fases, por lo que se pueden diferenciar
cuatro tipos de alumnos, dependiendo de la fase en la que
prefieran trabajar:
· Alumno activo
· Alumno reflexivo
· Alumno teórico
· Alumno pragmático
En función de la fase del
aprendizaje en la que nos especialicemos, el mismo contenido
nos resultará más fácil (o más difícil) de aprender
dependiendo de como nos lo presenten y de como lo trabajemos
en el aula.
Nuestro sistema educativo no
es neutro. Si pensamos en las cuatro fases de Kolb es muy
evidente que la de conceptualización (teorizar) es la fase
más valorada, sobre todo en los niveles de educación
secundaria y superior, es decir, nuestro sistema escolar
favorece a los alumnos teóricos por encima de todos los
demás. Aunque en algunas asignaturas los alumnos pragmáticos
pueden aprovechar sus capacidades los reflexivos a menudo se
encuentran con que el ritmo que se impone a las actividades es
tal que no les deja tiempo para rumiar las ideas como ellos
necesitan. Peor aún lo tienen los alumnos a los que les gusta
aprender a partir de la experiencia.
Un aprendizaje óptimo
requiere de las cuatro fases, por lo que será conveniente
presentar nuestra asignatura de tal forma que garanticemos
actividades que cubran todas las fases del esquema de Kolb.
Con eso por una parte facilitaremos el aprendizaje de todos
los alumnos, cualquiera que sea su estilo preferido y,
además, les ayudaremos a potenciar las fases con los que se
encuentran menos cómodos.
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